sábado, 5 de agosto de 2017

El jugador español y los modelos de gestión del talento. 200 minutos.

CONSTRUIR Y DESTRUIR

La  catedral de la Sagrada Familia en Barcelona se terminará en el 2026. Este monumento arquitectónico es una referencia de la arquitectura mundial. Serán alrededor de 150 años de construcción, iniciada el 19 de marzo de 1882.  ¿Cuánto se tardaría en destruirla? No más de una mañana. Construir lleva mucho tiempo y el trabajo y esfuerzo de muchas personas altamente preparadas. Destruir, poco tiempo, es fácil, y no se necesita mucha gente, y no suele ser necesaria alta preparación.

EL RESULTADO DEL PARTIDO

¿Cuál es una de nuestras tareas como entrenadores ya sea en el R. Madrid, la NBA o en el equipo de mi barrio? Probablemente un objetivo común a cualquier entrenador sea el mejorar a cada uno de tus jugadores. Si cada uno de tus 12 jugadores mejora, tu equipo mejora, y si tu equipo mejora, tus posibilidades de victoria aumentan. Y todos queremos competir para ganar, ¿cierto? Todavía no he visto a nadie que salga a la pista con el ánimo de perder. E introducimos por primera vez el resultado como parte de la ecuación del talento.
¿Qué impacto tiene el resultado del partido en el desarrollo del talento del jugador? Estarás conmigo que el simple hecho de jugar mejora al jugador. Entrenar mejora al jugador. Jugar durante el partido mejora al jugador. El resultado final tendrá incidencia en la moral o motivación del equipo, pero no en el hecho de que el talento del jugador se desarrolle o no.
Pero si tu equipo pierde con frecuencia, ¿se desmotiva el jugador y no tiene interés por mejorar? Desde luego la victoria sirve siempre como acicate para ir a entrenar con mayor motivación e ilusión. ¿Qué valor tiene entonces la victoria en el jugador/entrenador? Este sería un tema aparte, la reflexión de qué lleva al niño a ir a entrenar todos los días, si condicionantes externos que no están bajo su/nuestro control (el resultado del partido) o elementos internos propios del jugador/entrenador tales como la mejora personal, el crecimiento deportivo, las relaciones sociales, tu mejora como entrenador a través de las experiencias diarias, etc. También podríamos decir que el resultado del partido tiene impacto directo en tu permanencia en el banquillo. A ciertos niveles, si pierdes, te reemplazan, ¿cierto?
Al centrarnos en el resultado, los entrenadores empezamos a tomar decisiones en los partidos que nos alejan de uno de los objetivos comunes a cualquier entrenador (mejorar al jugador), y nos dedicamos  poner en pista a lo de mayor impacto en el juego, dándoles más minutos, y por lo tanto, a mejorar sólo a los mejores, por lo que disponen de más tiempo que los demás para desarrollar su talento. ¿Consecuencia?: Quizás ganaremos el partido, pero  desequilibramos las oportunidades de otros jugadores de crecer. Nuestro objetivo ya no es mejorar al jugador, es ganar el partido. 

Ya son unos cuantos años en esto del baloncesto de cantera, y nunca sabes cuándo un jugador va a desarrollarse. He visto chicas que eran verdaderos "patos mareados" en infantil, y tres años después determinantes en sus equipos (¿será porque sus entrenadores les han dado ese tiempo en pista? ¿Será por su desarrollo natural a pesar de la intervención del entrenador?). O cambios físicos de un verano a otro que afectan al juego.

Tenemos la creencia de que hay que elevar al bueno, pero sin la conciencia de que quizás estemos limitando las posibilidades del "malo". Hablo de limitar el talento por reducir los minutos en pista. La realidad es que no queremos limitar a nadie, pero el día del partido hay jugadores que se van a 30 minutos y otros se quedan en 8. ¡Es que la victoria les sirve de motivación! ¡Si el equipo pierde, pierden la ilusión! ¡Ya habrá partidos más sencillos para su nivel! 
¿Quién tiene más oportunidades de desarrollar su talento, el de 8 minutos en pista o el de 30?

No os preocupes, no solo es en nuestros equipos de cantera. Es una situación habitual en muchos equipos a muchos niveles.  El resultado como referencia e indicador de la calidad de nuestro trabajo.  

Poco a poco nos vamos dejando atrapar por una situación que considero perversa en sí misma, ya que uno de los componentes implícitos del juego, la victoria o la derrota,  el resultado del partido, nos impide desarrollar el talento de todos los jugadores, al convertir el resultado en objetivo primordial. Genera demasiada atención, y nos aleja del foco, la mejora de todos los jugadores y el consecuente crecimiento del equipo.  Fundamentalmente, centrarnos en el resultado no guía a desarrollar el talento de unos pocos. Solo unos pocos.

¿A qué afecta entonces el resultado de un partido? Diríamos que, por lo menos, a la motivación de los jugadores y del grupo y a la permanencia del entrenador en el banquillo. ¿Factores suficientemente importantes como para negar la oportunidad de crecimiento a los demás jugadores?

¿A dónde voy a parar? A que estamos destruyendo parte del talento que cae en nuestras manos si nos centramos en el resultado como vara de medir de nuestro rendimiento. Y recordad que destruir es fácil, y construir lleva tiempo. Todo lo que destruyamos (o no construyamos), costará enormemente volver a levantarlo (o recuperarlo). Si dejamos talento a medio hacer, reconstruirlo será fatigoso y arduo.

Jugar con los que me van a meter puntos, con los "buenos" es lo que colectivamente nos va lentamente haciendo peores. Y hablo del baloncesto español en general.

Centrarse en el resultado es destruir talento.

Centrarse en el resultado es limitar minutos. Es limitar tiempo de desarrollo de talento de algunos jugadores que también tienen talento.

¿APOSTAR POR LA INCERTIDUMBRE?
Apostar por centrarte en el resultado es apostar por la incertidumbre. Porque parte de la magia del deporte es su incertidumbre. No tendría ninguna gracia ir a ver un partido del que  supiéramos el resultado final. Es decir, apostamos por desarrollar talento centrándonos en el resultado. Y el resultado vive de la incertidumbre. Es la incertidumbre una de nuestras referencias. Pues ponemos a los “buenos” para poder ganar. Y no siempre pasa, evidentemente. Esto no suelen ser matemáticas. 
¿Apostar por la incertidumbre para crecer? No parezca que tenga mucho sentido. Más vale por apostar por algo que nosotros podemos controlar. El tiempo. Los 200 minutos de cada fin de semana.

El resultado del partido no está bajo tu control. Los 200 minutos, si. 
LOS MODELOS DE GESTIÓN DEL TALENTO
En más de un club siguen trabajando en cantera con la mirada puesta en los profesionales como referencia de actuación. Y esta referencia nos lleva a un baloncesto desequilibrado. Y los clubes pequeños miran a los medianos y éstos se fijan en los grandes y los copian. Y separan generaciones. Y no saben muy bien por qué. No tienen claro hacia dónde quieren ir o los argumentos que les llevan a hacer lo que hacen. Solo agrupan a los buenos y eliminan a los “potencialmente buenos”, etiquetándoles como "malos".

Imitamos. Como el que copia un ejercicio y lo hace al día siguiente con sus benjamines. No piensa en el objetivo del ejercicio o en adaptarlo a sus necesidades. Simplemente copia, sin preguntarse por qué. Copiamos sin saber muy bien a donde vamos. Como las ovejas. No tenemos claro el fin por el que trabajamos en un club de baloncesto, la misión a alcanzar, el camino a seguir, etc., aunque eso si, todos queremos formar personas a través del baloncesto. Eso no se nos cae de la boca.

Pensemos (a nivel nacional) que disponemos de una fábrica cuyo producto final son jugadores talentosos de baloncesto. ¿Cuánto de difícil fue sacar a la talentosa generación del 80? ¿Cuánto de difícil ha sido desarrollar ese talento? La gran aportación de la FEB ha sido conseguir que quieran estar juntos cada verano. Que es mucho. ¿Cuánto hicieron los entrenadores por que salieran Calderón, Pau Gasol, F. Reyes o Raúl López? ¿Cuánto no hicieron para dejar que avanzara ese talento descomunal?

España está dejando de tener jugadores de talento de alto nivel (fijémonos en el número de jugadores nacionales en ACB), o quizás deberíamos pensar que la fábrica de producir jugadores de talento nunca existió (pensamiento algo extremo), sino que los jugadores salían sin necesidad de que la fábrica funcionara (la generación del 80) y era cuestión de acompañar el talento, no de desarrollarlo, y ahora cuando esta generación del 80 se extingue baloncestísticamente, miramos a la fábrica para ver si salen más como ellos.

Los modelos de gestión del talento son generados por los clubes, y la federación española y las autonómicas se alimentan de ellos. La fábrica de talento está repartida por todo el territorio nacional. Y son los clubes, sus entrenadores y directivos, los encargados de gestionar el talento.

El proceso siempre parte de un club local, donde un chaval empieza a destacar en alevín, o incluso en benjamín. En esas edades los clubes grandes de la zona todavía no se atreven a apostar, ya que hay mucha imprecisión todavía en la calidad de un jugador. Es a partir de pre infantil o infantil, donde comienza la caza de talento. Probablemente, en los próximos años veremos cómo determinados clubes centrarán su atención en la categoría alevín, asumiendo determinados riesgos. Tomaros la molestia de ver los clubes que llegaron a la final de la categoría de pre infantil de los últimos 5 años en Madrid, nunca ni Estudiantes ni R. Madrid. ¡¡ Porque no tienen equipos en esa categoría!! Sus chavales de esa generación son inscritos en la categoría superior, infantil. Y mantienen dos equipos, el infantil A y el B. El A, de la generación que le corresponde y el B, un año menor. Observad las fases finales de los últimos años en la categoría de infantil, siempre Estudiantes y R. Madrid. Y dos equipos de acompañamiento. 

Estos dos ejemplos son una muestra de una dictadura baloncestística del talento, de un modelo de gestión del talento: la agrupación de los buenos. Pero conocemos lo que sucede al final de la cadena, el producto final. Se llaman, a día de hoy, Jaime Fernández, Edgar Vicedo, Santi Yusta, Dani Diez, etc., buenos jugadores de baloncesto que se han asentado o están camino de ello en la categoría ACB, que han salido de esa "agrupación de los buenos", pero sin tener roles determinantes, a día de hoy. ¿Ese es el resultado que queremos? ¿y dónde quedan todos los demás que les han acompañado en el proceso?¿LEB?¿EBA? 

Al modelo "agrupación de los buenos" le suele continuar "la selección de unos pocos", ya que cuando están todos juntos en clubes como Estudiantes, Juventud, Fuenlabrada, etc., el resultado del partido también tiene mucho peso específico, y entonces volvemos a seleccionar de entre los buenos, para dar más oportunidades de desarrollar su talento a esos pocos que destacan entre los buenos (los muy buenos o excelentes). Y volvemos al mismo sitio. Das a unos porque quitas los minutos de los otros.
Los modelos de gestión “la agrupación de talento” y/o “selección de unos pocos”, se lo pueden permitir muy pocos clubes, probablemente, Madrid y Barcelona en España. A día de hoy, generar un jugador de talento, a mi entender, deja demasiados “cadáveres con talento” por el camino, demasiados jugadores de nivel medio que han servido de acompañamiento a los excelentes. Mirad el caso de Luka Doncic en su etapa de cantera. Una tiranía de minutos. Una desproporción absoluta. Solo había que verle en las selecciones madrileñas, la cantidad de minutos en pista, siendo cadete en el Madrid y jugando en EBA una serie de minutos. ¿Sus acompañantes en el proceso? No importaban tanto. Pero lo que estaba claro es que para que creciera como jugador,  ¡tenía que jugar minutos!
No estoy a favor ni en contra de ese modelo. Probablemente sea coherente con lo que se busca en el R. Madrid, pero....¿es este modelo el que deben seguir otros clubes de cierto nivel? Dependerá de lo que pretendan conseguir, su misión como club. Pero tiendo a pensar que no son los modelos más adecuados ni incluso para generar jugadores para el alto nivel. Se debería apostar por una distribución más igualitaria de los minutos de partido, para subir los niveles medios y que por sí solos, generen competencia suficiente para elevar e impulsar de manera natural a los excelentes, que por sus cualidades, llegarán, sin necesidad de arroparlos con muchos minutos en el camino. 
Podríamos hablar de que en determinados entornos es factible la “agrupación de los buenos”, pero percibo que esta idea desemboca inevitablemente en la “selección de unos pocos”, ya que se nutren del mismo concepto, “el talento visible de unos pocos” que hace ocultar el de los demás. Y los gestores “seleccionan a unos pocos”, sin darse cuenta que si no limitaran (minutos en pista) el talento de los “otros” se impulsaría de forma natural al “excelente” al tiempo que sus equipos serían más competitivos al tener un nivel medio mayor.
Si sacas el talento de un lugar, para agruparlo con otro grupo de talentos similares, volverás a hacer lo mismo, volverás a ser sectario y selectivo, porque dentro de la agrupación de talento, habrá diferentes niveles, y volverás a apostar por el de más talento, dejando a los "menos talentosos del grupo de más talento" fuera de juego (los cadáveres deportivos a los que me refería antes).
EL ENTORNO DEL TALENTO
Cuanto más bueno sea el entorno en el que compite el futuro jugador “excelente”, más excelente será el excelente y más buenos los buenos. Es obvio. Cuanta más competencia, mayor nivel de exigencia y más facilidad para alcanzar la excelencia. Se trata de generar entornos de aprendizaje y consecuentemente de desarrollo del talento. Y nosotros nos encargamos de destruir ese entorno por nuestra extraña relación con el resultado y sus posibles consecuencias (motivación o permanencia en el banquillo). 

La idea es sencilla. Que jueguen todos mucho más. Son 200 minutos los que dispone un entrenador en cada partido. Utilízalos para que todos tengan las mismas oportunidades de crecimiento, al igual que haces en los entrenamientos, donde entrenas para todos. No te confundas, no hablo de que todos crezcan por igual. Hablo de que todos tengan las mismas oportunidades de crecimiento. Y a través de desarrollar al máximo todos los talentos, estos se empujarán unos a otros hacia arriba. 
Después, el talento de cada uno irá creciendo a ritmos diferentes, tendrán topes distintos, pero al hacer crecer a todos, tu equipo será mejor, y entre tus jugadores, se empujarán, crecerá su talento sólo por el mero hecho del crecimiento del de al lado. Por apoyo mutuo. Y el que tenga más talento, llegará más lejos, sin duda. Pero crecerá más, porque se sentirá permanentemente estimulado por el crecimiento del compañero.
Al final del camino es cierto que llegarán pocos. A la excelencia no llegan muchos, pero probablemente si soltamos el lastre de la dictadura del resultado, los excelentes serán más excelentes y los muy buenos, serán más "muy buenos". El nivel medio del jugador español subirá, la ACB, y las ligas FEB tendrán mucha más cantidad de jugadores nacionales de lo que actualmente tenemos.
Si lo extrapolamos a los clubes de cantera locales, estamos haciendo algo parecido, pero generando jugadores de nivel autonómica o a lo sumo nacional, hundiendo o dejando por el camino a otros jugadores que podrían haber alcanzado el mismo nivel y sin ser capaces de entender para qué juegan al baloncesto estos jugadores.
Si no te dejas jugadores por el camino, la posibilidad de que tu equipo de autonómica o nacional, ligas menores, tenga un nivel medio elevado y disfruten del baloncesto, será mayor. Además, los clubes tendrán el orgullo de jugar con gente de su pueblo, barrio o ciudad. 

¿QUÉ ESTAMOS BUSCANDO?

Percibo que el resultado del partido es la referencia principal en la mayoría de los entrenadores y directivos del baloncesto actual, de cualquier categoría.
Cada uno a su nivel, siempre tiene presente el resultado en su cabeza, ¿o va a permitir el R. Madrid perder el campeonato cadete por hacer jugar a todos? ¿Lo permitiría el Estudiantes? ¿Y el Juventud?
¿Qué busca cada club con sus modelos de gestión del talento? ¿Tenemos que copiar el modelo del R. Madrid? ¿Tenemos sus mismos recursos? ¿Es eficiente para lo que otros clubes buscan?
¿Cuáles son los resultados que estamos obteniendo? ¿Estamos satisfechos con ellos? ¿Qué buscan los clubes medio-altos? ¿Y los intermedios con recursos económicos limitados?
Cuando ya sabes lo que buscas, tienes que pensar en el camino que te va a llevar a ello. Mirar a los demás que tienen éxito es una referencia, pero habitualmente “copiar y pegar” no suele ser el mejor método. Tienes que mirar a tu organización, entender los recursos, saber dónde estás, y que la propuesta sea coherente con el objetivo que persigues. 
POSTEMPORADA
¿Qué trabajo se hace de postemporada con los jugadores? ¿Están las postemporadas de los jugadores ACB al nivel de lo que nos ofrecen los jugadores estrella de la NBA? ¿Por qué son estrellas? ¿Por su talento o su capacidad de trabajo? ¿Cuántos están dispuestos a pagar el precio de una dura y exigente postemporada?
Mientras, en cantera nos centramos en darle minutos a nuestro jugador talentoso en los partidos durante la temporada y al llegar junio le deseamos un buen verano. Despedimos el curso baloncestístico a finales de mayo o principios de junio y lo retomamos a finales de agosto. ¿Y en medio qué le proponemos a ese jugador?
La postemporada es uno de los indicadores de la coherencia de tu modelo.
¿Tienen los clubes estructuras o recursos para gestionar una postemporada?
Es en la postemporada cuando podemos hacer crecer a nuestros jugadores. Cuando aplicar nuevos gestos técnico no genera duda en el jugador. Hay tiempo por delante para asimilarlo.
Cuando el jugador aprende a ejecutar algo nuevo, pasa por un proceso de aprendizaje donde el temor a hacerlo mal le impide ejecutarlo en partido. Es en este periodo de la postemporada, sin competición, donde podemos introducir conceptos nuevos para que se asienten.

PEQUEÑOS DETALLES QUE PROVOCA GRANDES CAMBIOS
Hablo de un simple cambio que podría generar un resultado muy diferente. Hablo de equilibrar minutos entre jugadores. De utilizar los partidos para el desarrollo de todos, al igual que en los entrenamientos. ¿La consecuencia? El crecimiento del nivel medio, que empuja al talento, para aumentar el número de jugadores excelentes.
No estamos hablando de igualdad, de porcentajes medios, de hacer crecer a todos por igual. Hablo de excelencia a través del incremento de la media, de subir el nivel medio de los jugadores. 
De los minutos como motor de cambio. Si en los entrenos es equitativo, no lo es en los partidos, lo desequilibramos los entrenadores por la presión del resultado.

Subiendo el nivel medio, crecen más los excelentes y serán más buenos los demás. No es necesaria la segregación.  
Se trata de cambiar el modelo. De incrementar la cooperación entre iguales. Incrementar la acumulación de todos, no de unos pocos. 
200 minutos. 
CREENCIAS

Decían del escultor italiano renacentista Miguel Angel que veía las esculturas en los bloques de piedra, y que tan solo tenía que retirar el sobrante de la piedra de mármol para dejar asomar la escultura previamente concebida. Se trata de creer en el talento. De verlo. Y después, ser coherente y darle ese espacio en los partidos para que se desarrolle. Y tener paciencia. Creer en el talento de cada uno de tus jugadores, y no dejarte deslumbrar por ese cadete que todo lo hace bien y te saca los partidos adelante en situaciones de dificultad.
La primera piedra de la construcción de la Catedral de la Sagrada Familia se coloca el 19 de marzo de 1882. Se prevé terminar en el 2026. Construir cuesta mucho, y si nos centramos en pocos jugadores impedimos el crecimiento del talento de otros. Construyamos el talento de todos. Sabemos que costará mucho. Pero el resultado final merecerá la pena.
No destruyamos el talento de muchos por el talento de pocos. 








miércoles, 26 de julio de 2017

Carta a los presidentes de las federaciones de baloncesto. Cursos de entrenador. ¿Para qué sirve el baloncesto?

En la entrada anterior escribí una carta al director del Curso de Entrenador Superior (CES) de baloncesto, que junto a su equipo de trabajo, están realizando una magnífica labor formativa.  Carta

En la carta le exponía al director del CES de la necesidad de desarrollar una asignatura en el curso relacionada con la idea de orientarse hacia "el camino para competir" frente a "el objetivo de ganar", dos líneas muy diferentes. En varios artículos de esta bitácora se reflexiona sobre estas ideas: Gestionar el talentoYo quiero ganar...Separar generaciones o mantener por año de nacimientopor qué abandonan el baloncesto.

Amablemente y con celeridad el director del CES contestó con un tweet  que el curso se orienta hacia la profesionalidad, aunque también toca aspectos que se relataban en la carta. Eso demuestra dos cosas, por un lado, coherencia entre los contenidos y los objetivos que persigue el curso, ya que se orienta al baloncesto profesional, y en segundo lugar, su interés e implicación porque el baloncesto tenga un impacto positivo en la sociedad, tocando parcialmente estos temas que consideramos importantes.

Una de mis preocupaciones asociadas al deporte es si verdaderamente tiene impacto positivo en la sociedad, y creo que debería tenerlo. La sociedad que rodea al baloncesto son nuestros jugadores y padres. La manera en la que entrenamos, lo que les decimos, cómo se lo decimos, cómo gestionamos los minutos de nuestros jugadores en partido,  etc., podría, y desde mi perspectiva, debería tener impacto en ellos, para que ellos sean altavoces de esta visión en nuestra sociedad actual. 

Me he encontrado a entrenadores hablando de compromiso a sus jugadores, obligando a ir a entrenar, en lugar de motivar para ir a entrenar, para que, una vez llegue el partido, ese compromiso del entrenador hacia el jugador se esfume, al no tenerlo un número decente de minutos en pista, porque no es lo suficientemente bueno como para ganar el partido dada la oposición presentada por el rival. Esto se ve cada fin de semana. Ciega el deseo o ansia de victoria por encima de la formación y el crecimiento deportivo y personal de nuestros deportistas. 

Si el CES está orientado a entrenadores profesionales, deberían ser las comunidades autónomas las responsables de educar a nuestros entrenadores en esta idea, entre otros, ya que son responsables de los cursos de nivel 0, I y II. 

La educación, al igual que el deporte, es, como dice Angel Sanz (@proyectowow ) un "arma de construcción masiva". Deberíamos utilizar la educación deportiva para cambiar mentalidades y el mejor lugar para empezar son los cursos de entrenador de nivel 0, I y II, cuya responsabilidad en la organización y difusión de contenidos del curso son las federaciones de baloncesto deportivas. Los entrenadores son la clave. 

Es en estos cursos donde debemos introducir una asignatura, si no está introducida ya, específica para explicar por qué se juega al baloncesto y el impacto del entrenador en la sociedad a través de su trabajo. Un asignatura que se podía llamar de muchas maneras, pero que su contenido estuviera relacionado con el talento y la cooperación, donde se resaltara la importancia de la conducta y el comportamiento del entrenador en los entrenamientos y partidos. De centrar la atención en el desarrollo de TODOS los jugadores y no sólo de los de más talento. Utilizar al rival como compañero de viaje en nuestra mejora, cambiar la visión de lo que es un partido, hacer crecer a TODOS los integrantes del equipo, para poniendo su talento al servicio del colectivo, hacer crecer al equipo, creciendo así cada uno de los jugadores hasta el máximo de sus posibilidades. 

En el entrenamiento, el entrenador suele entrenar para todos, y los jugadores entrenan juntos. En el partido, el entrenador suele dirigir para ganar utilizando más a lo "mejores" y menos a los "peores". Y es aquí donde fallamos a nuestra supuesta idea de querer formar personas, pues dejamos en la estacada a los "peores", regalándoles 6-7 minutos por partido, para evitar que sus fallos y errores no impacten en el resultado final del partido y así podamos ganar. Ni coherencia, ni integridad. 

Por lo tanto, sabiendo que son las federaciones responsables de la formación en nivel 0, I y II, re-escribo la carta a cada uno de los presidentes de cada federación con la intención de que se modifiquen los contenidos de los cursos, para incluir en cada uno de ellos, sino lo hay ya, asignatura o charla referida al talento de todos y la cooperación en el baloncesto.


Estimado Presidente de la Federación de Baloncesto de su Comunidad Autónoma:

Son las federaciones autonómicas las responsables de los cursos de formación de entrenadores de nivel 0, I y II que se desarrollan a lo largo de la temporada con distinta frecuencia, imagino que en función de los recursos disponibles y la demanda. 

Sería interesante saber cuántos de los entrenadores de sus cursos se dedicarán profesionalmente a ser entrenadores. Y refiero a profesional al  hecho de cuántos podrán cobrar lo suficiente para poder pagarse una casa digna, una alimentación sana y equilibrada y la posibilidad de invertir en la educación de sus hijos, caso de tenerlos.  

También "profesional" puede tener otra acepción, que seguro va implícita en la mayoría de los asistentes, el interés y la pasión por ser cada día mejor entrenador con independencia de tu remuneración. 

Me aventuraría a compartimentar a un entrenador en tres áreas: conocimiento (cuanto sabe), metodología (cómo transmite su conocimiento) y liderazgo (cómo gestiona a su cuerpo técnico y jugadores). 

Y ordenaría a los entrenadores en tres grandes grupos, según la realidad actual, los que entrenan en la élite: LF1, LEB Oro y ACB, los que entrenan en un grupo intermedio semiprofesional: LF2, LEB Plata y EBA y los que entrenan en cantera o seniors de la categoría Nacional o menores. 

Ahora me haría una pregunta de porcentajes. ¿Cuántos entrenadores de los que asisten a los cursos irán a cada grupo? Desconozco la respuesta, pero me inclinaría que la mayoría irá al tercer grupo, al de cantera y seniors menores. 

Probablemente, estos entrenadores del tercer grupo sean los responsables de transmitir el baloncesto al mayor número de jugadores de los tres grupos, ya que la élite o el grupo semiprofesional contienen al menor número de jugadores comparado con seniors menores o cantera. 

Y esto me lleva a pensar en el tremendo impacto que tienen estos entrenadores en un baloncesto que no va a llegar a las canchas profesionales o semiprofesionales, y que se quedará como un baloncesto complementario al desarrollo de la persona. 

Desconozco el formato actual de los cursos y las asignaturas que se imparten. Estoy convencido que se trabajan las tres áreas: conocimiento, metodología y liderazgo. Me imagino que se hablará mucho de baloncesto, técnica, táctica, etc., que serán impartidos por excelentes entrenadores de su comunidad autónoma. 

Teniendo en cuenta que la gran mayoría de entrenadores se dedicarán a entrenar a equipos del tercer grupo antes mencionado (cantera o senior de Nacional hacia abajo), considero que el curso debería que hacer hincapié en  la siguiente idea en formato de una asignatura concreta o charla, si no se está haciendo ya: 

"El camino para competir. La de la cooperación frente a la competición. La victoria/derrota frente al proceso. El desarrollo del talento de TODOS los jugadores de la cantera frente al tradicional “potenciamiento” solo de los de mayor impacto en el juego. De cómo llegar a ser competitivos, de la importancia de “ganar” o de la importancia del “camino para ganar”. El rival como compañero de viaje."

Esta temporada he visto un club que gestionó 18 chicas junior, quedándose con 12 de ellas para formar un solo equipo más competitivo en lugar de dos equipos (consecuencia: 6 chavalas fuera), a equipos de mini llevando al mínimo de jugadores para cumplir con las reglas (y hacer la rueda con 12, dejando a tres fuera de convocatoria posteriormente), a equipos presionando a toda pista en el último cuarto mientras vencían por más de cincuenta puntos en categoría preinfantil con la justificación de sus entrenadores de que tienen que mantener la mentalidad para cuando lleguen partidos difíciles, marcadores de 146 a 2, o a entrenador@s insultado a sus jugador@s. Todo eso lo he visto esta temporada y en clubes modestos, de los que no ganan campeonatos de España en cantera. Y lo que no habré visto u oído. También he visto mucho y muchas cosas muy positivas, a nivel de baloncesto y a nivel educativo. 

Tengo claro que no se pueden controlar ciertas cosas y que en ningún caso la federación y los gestores y profesores de los cursos son responsables de ello, pero también tengo claro que los cursos son un paso muy importante para muchos entrenadores, donde se ejerce influencia, e incluso me atravería a decir que tendencia. Creo que los cursos deberían incidir mucho más en la idea del camino hacia la competitividad. Se nos llena Twitter o Facebook con frases o ideas sobre lo que es un equipo, el camino, el proceso, la formación a las personas, los valores del deporte, etc., pero lo cierto es que los hechos no siguen a las palabras, por lo menos, como para mejorar a esta sociedad a través del deporte. No hay tantos entrenadores, directores deportivos o directivos coherentes con esta idea que considero muy importante. Debemos educar a nuestros futuros entrenadores, desde el nivel cero hasta el II, a que la competición es una consecuencia de la cooperación y el crecimiento de TODOS los jugadores. Y difundir esta idea a padres y jugadores desde los banquillos. 

La gran mayoría de los entrenadores de sus cursos la próxima temporada cogerán a su equipo cadete, o infantil, o mini, o senior Nacional, y además de enseñar cómo se pasa un bloqueo o cómo se enseña la disociación de pies con el bote, que es importante, además de enseñar a gestionar un banquillo, a liderar a un grupo de chavales, tendríamos que enseñarles cúal es el justo y correcto camino hacia la competitividad, y que no es otro que el talento de TODOS Y CADA UNO DE NUESTROS JUGADORES. Nuestros jugadores tienen que jugar. 

Estimado presidente de la federación, sería fantástico a que desde sus cursos se colaborase, si no se hace ya, de forma activa (charlas, asignaturas, etc.) a transmitir a los entrenadores el valor de la cooperación y el talento al servicio de la formación deportiva y personal de los jugadores y la enorme influencia que pueden tener en sus jugadores y padres a través del baloncesto. Transmitir la importancia de que TODOS son importantes y darles el espacio adecuado en la pista. Alejarnos de que juegue los "buenos" y en los partidos que vamos muy por encima jueguen los "no habituales". Explicar cómo queremos ser competitivos (algunas ideas las expresé en estos enlaces: Gestionar el talentoYo quiero ganar...Separar generaciones o mantener por año de nacimientopor qué abandonan el baloncesto.)

Transmitir la idea de que después de cada entreno, cada uno de sus jugadores o jugadoras, llegue a casa reventados de esfuerzo y digan a sus padres: “Prepárame la cena rápido, que me quiero poner a estudiar matemáticas”. Eso significaría que hemos conseguido entrenar como deberíamos hacerlo. Que hemos incidido positivamente en su motivación personal. Es un buen indicador del rendimiento del entrenador de cantera o equipos senior de Nacional o menores. 

La victoria o la derrota es una consecuencia y no está bajo nuestro control. Generar motivación en nuestros jugadores y hacerlos mejor técnica, táctica, colectiva y humanamente, SI. Y creo que esto hay que enseñarlo en los cursos si no se está haciendo ya. Enseñarles para qué sirve el baloncesto y la fuerza que tenemos para construir una sociedad mejor a través de nuestro deporte.  




martes, 25 de julio de 2017

Carta al director del Curso de Entrenador Superior de Baloncesto (CES). ¿Para qué sirve el baloncesto?

Estimado Director del Curso de Entrenador Superior (CES) de Baloncesto:

A finales de este mes termina el CES tras dos semanas largas de muchísima intensidad en alumnos y profesores.  Imagino que llegará entonces un periodo de evaluación del mismo desde el cuerpo directivo, profesores y alumnos (a través de comentarios o encuestas). 

Este año ha sido el de mayor afluencia, lo que es un indicador de la salud del curso. 

Sería interesante saber cuántos de esos entrenadores se dedicarán profesionalmente a ser entrenadores. Y refiero a profesional al  hecho de cuántos podrán cobrar lo suficiente para poder pagarse una casa digna, una alimentación sana y equilibrada y la posibilidad de invertir en la educación de sus hijos, caso de tenerlos.  

También "profesional" puede tener otra acepción, que seguro va implícita en la mayoría de los asistentes, el interés y la pasión por ser cada día mejor entrenador con independencia de tu remuneración. 

Me aventuraría a compartimentar a un entrenador en tres áreas: conocimiento (cuanto sabe), metodología (cómo transmite su conocimiento) y liderazgo (cómo gestiona a su cuerpo técnico y jugadores). 

Y ordenaría a los entrenadores en tres grandes grupos, según la realidad actual, los que entrenan en la élite: LF1, LEB Oro y ACB, los que entrenan en un grupo intermedio semiprofesional: LF2, LEB Plata y EBA y los que entrenan en cantera o seniors de la categoría Nacional o menores. 

Ahora me haría una pregunta de porcentajes. ¿Cuántos entrenadores de los que han asistido al curso irán a cada grupo? Desconozco la respuesta, pero me inclinaría que la mayoría irá al tercer grupo, al de cantera y seniors menores. 

Probablemente, estos entrenadores del tercer grupo sean los responsables de transmitir el baloncesto al mayor número de jugadores de los tres grupos, ya que la élite o el grupo semiprofesional contienen al menor número de jugadores comparado con seniors menores o cantera. 

Y esto me lleva a pensar en el tremendo impacto que tienen estos entrenadores en un baloncesto que no va a llegar a las canchas profesionales o semiprofesionales, y que se quedará como un baloncesto complementario al desarrollo de la persona. 

Desconozco el formato actual del curso y las asignaturas que se imparten. Estoy convencido que se trabajan las tres áreas: conocimiento, metodología y liderazgo. Me imagino que se hablará mucho de baloncesto, técnica, táctica, etc., que irán grandes entrenadores, profesionales excelentes con últimas ideas, tendecias, etc.

Teniendo en cuenta que la gran mayoría de entrenadores se dedicarán a entrenar a equipos del tercer grupo antes mencionado (cantera o senior de Nacional hacia abajo), considero que el curso debería que hacer hincapié en  la siguiente idea, si no se está haciendo ya: 

"El camino para competir. La de la cooperación frente a la competición. La victoria/derrota frente al proceso. El desarrollo del talento de TODOS los jugadores de la cantera frente al tradicional “potenciamiento” solo de los de mayor impacto en el juego. De cómo llegar a ser competitivos, de la importancia de “ganar” o de la importancia del “camino para ganar”."

Esta temporada he visto como gestionan 18 chicas de un club para quedarse con un solo equipo más competitivo en lugar de dos, a equipos de mini llevando al mínimo de jugadores para cumplir con las reglas (y hacer la rueda con 12, dejando a tres fuera de convocatoria posteriormente), a equipos presionando a toda pista en el último cuarto mientras vencían por más de cincuenta puntos en categoría preinfantil con la justificación de sus entrenadores de que tienen que mantener la mentalidad para cuando lleguen partidos difíciles, marcadores de 146 a 2, o a entrenador@s insultado a sus jugador@s. Todo eso lo he visto esta temporada y en clubes modestos, de los que no ganan campeonatos de España en cantera. Y lo que no habré visto u oído. También he visto mucho y muchas cosas muy positivas, a nivel de baloncesto y a nivel educativo. 

Tengo claro que no se pueden controlar ciertas cosas y que en ningún caso la FEB o el CES es responsable de ello, pero también tengo claro que el CES es un paso fantástico para muchos entrenadores, que ejerce influencia, e incluso me atravería a decir que tendencia o doctrina. Creo que el CES debería incidir mucho más en la idea del camino hacia la competitividad. Se nos llena Twitter o Facebook con frases o ideas sobre lo que es un equipo, el camino, el proceso, la formación a las personas, los valores del deporte, etc., pero lo cierto es que los hechos no siguen a las palabras, por lo menos, como para mejorar a esta sociedad a través del deporte. No hay tantos entrenadores, directores deportivos o directivos coherentes con esta idea que considero muy importante. Debemos educar a nuestros futuros entrenadores, desde el nivel cero hasta el Superior, a que la competición es una consecuencia de la cooperación y el crecimiento de TODOS los jugadores. Y difundir esta idea a padres y jugadores desde los banquillos. 

La gran mayoría de los entrenadores de su curso la próxima temporada cogerán a su equipo cadete, o infantil, o mini, o senior Nacional, y además de enseñar cómo se pasa un bloqueo o cómo se enseña la disociación de pies con el bote, que es importante, además de enseñar a gestionar un banquillo, a liderar a un grupo de chavales, tendríamos que enseñarles cúal es el justo y correcto camino hacia la competitividad, y que no es otro que el talento de TODOS Y CADA UNO DE NUESTROS JUGADORES. Nuestros jugadores tienen que jugar. 

Estimado director del CES, sería fantástico a que desde esa plataforma se colaborase, si no se hace ya, de forma activa (charlas, asignaturas, etc.) a transmitir a los entrenadores el valor de la cooperación y el talento al servicio de la formación deportiva y personal de los jugadores y la enorme influencia que pueden tener en sus jugadores y padres a través del baloncesto. Transmitir la importancia de que TODOS son importantes y darles el espacio adecuado en la pista. Alejarnos de que juegue los "buenos" y en los partidos que vamos muy por encima jueguen los "no habituales". Explicar cómo queremos ser competitivos (algunas ideas expresé en este enlace: Yo quiero ganar...)

Transmitir la idea de que después de cada entreno, cada uno de sus jugadores o jugadoras, llegue a casa reventados de esfuerzo y digan a sus padres: “Prepárame la cena rápido, que me quiero poner a estudiar matemáticas”. Eso significaría que hemos conseguido entrenar como deberíamos hacerlo. Que hemos incidido positivamente en su motivación personal. Es un buen indicador del rendimiento del entrenador de cantera o equipos senior de Nacional o menores. 

La victoria o la derrota es una consecuencia y no está bajo nuestro control. Generar motivación en nuestros jugadores y hacerlos mejor técnica, táctica, colectiva y humanamente, SI. Y creo que esto hay que enseñarlo en el curso CES si no se está haciendo ya. Enseñarles para qué sirve el baloncesto. 

lunes, 10 de julio de 2017

Formador, etiquetas, talento, valor del equipo. Una mezcla de ideas.

Varios tweets de @aeeminibasket sobre las etiquetas en los jugadores, la faceta integradora y formativa del entrenador o la calidad del equipo en función de la progresión de los menos talentosos me han traído a la cabeza un par de situaciones vividas esta temporada y unas ideas sobre las que reflexionar. 

Casi al final del curso, allá por abril, la coordinación del club me solicitó que ordenara a mis jugadores por nivel, de cara al año que viene, con la intención de separar generaciones y hacer dos equipos en la categoría junior agrupados por "niveles de juego". 

Por mi manera de entender a las personas y el baloncesto, no les entregué una lista, sino cuatro. No creo en los buenos y malos “absolutos”, ni que sea necesario separarlos por los que meten más puntos o los que menos. No estoy de acuerdo en separar generaciones cuando el fin que lo motiva es la de ser más competitivos y no se manifiesta dentro de la misión del club (es más, separar generaciones, para mi, es la muestra evidente del fracaso de los entrenadores). Aquí escribí sobre esto: 

Aunque de lo que quería charlar es sobre el talento de las personas, las etiquetas y la calidad del equipo, la integración y labor formativa del entrenador. 

Ordené a los jugadores en cuatro listas: madurez, carácter, “entrenabilidad” (palabra que no se contempla en el diccionario, pero que entendemos en este foro ) e impacto en el juego. 

Estas clasificaciones las hicimos a mitad de temporada los dos entrenadores de manera individual y obtuvimos las medias. Esas listas fueron las que entregué. 

¿Por qué las hicimos? Pues para que los de mayor nivel en un área influyeran en los de menor nivel, ya que no dudamos que existen niveles. Que adquiriesen la responsabilidad de influir positivamente en sus compañeros. Los más dotados en entrenabilidad a la hora de agruparlos por parejas, se ponían con los que menos, e influían para que mejorasen en ese aspecto. 

Vayámonos a las matemáticas. Pensemos que se pudiera medir el talento de los jugadores y la escala fuera del 0 al 10. 

Tienes 12 jugadores. El máximo valor de tu equipo es de 120.

Mezclemos el talento y las matemáticas. Pasan dos cosas, principalmente. La primera y fundamental es que el entrenador tiene que creer que todos tienen talento, y no solo los que más puntos meten. No es tarea fácil. No veo a demasiados con esta mentalidad. 
La segunda es que no todos tienen el mismo talento ni está desarrollado al mismo nivel. Se llama etapas madurativas. Por ejemplo, Ricky Rubio destacó en la élite a los 14 años y Sergio Llull por encima de los 20. De ese modo, el máximo talento de un jugador de tu equipo "valdrá" 9 y otro 4 en esa temporada (luego podrá evolucionar). 
¿Cómo aporta el entrenador al desarrollo del talento? De muchas maneras, pero una de ellas es dando espacio en el partido a que desarrolle su talento. Es decir, que jueguen, y que jueguen en todas las situaciones, con marcador a favor, en contra, en minutos finales complicados, etc.; a mi personalmente no me sirve eso de que los "mejores" juegan los minutos importantes y cuando me enfrento a un rival que es muy inferior en juego, dejo que jueguen "los menos habituales". Me parece engañar a los jugadores. 

Si no das opciones al desarrollo del talento de TODOS, conseguirás que el de 9 alcance el 9, pero el de 4 se te quedará en 2. 

En un equipo de 12, la proporción de "buenos", "medios" y "malos" que tradicionalmente hacen la mayoría de los entrenadores, se va a 3 buenos, 5 medios y 4 malos. 
Si ordenamos el máximo talento a alcanzar por cada "estrato", tenemos, más o menos:
Buenos=9
Medios=6
Malos=3.

Si sólo desarrollas a los buenos, y te apoyas en los medios, sucederá que desarrollarás a cada uno hasta los siguientes niveles y tendrás el valor total por estratos:
Tres buenos de valor 9, 27 puntos. 
Cinco medios de valor 4 (pues no los has desarrollado al máximo), 20 puntos. 
Cuatro malos de valor 1 (tampoco los has desarrollado al máximo), 4 puntos.
Total valor del equipo, 51.

Si trabajas con todos, les das espacio y alcanzan su máximo, tendrás:
Buenos=9x3=27
Medios=6x5=30
Malos=3x4=12
Total valor del equipo, 69. 

Evidentemente, si consigues llevar al máximo a cada uno de tus jugadores, tu equipo tendrá más valor. Serás más competitivo y tendrás más oportunidades de vencer. 

Además, si tienes en cuenta que todos tus jugadores estarán motivados y comprometidos, porque les has llevado al máximo de sus posibilidades, habrás generado una sinergia entre ellos y la actitud del equipo, que multiplica su valor, le hará más fuerte frente a los otros equipos. 

Pero con los chavales mirando en el banquillo cómo se desarrolla el talento de los buenos, no creo que vayas a conseguir todo esto. Y regalándole los minutos poco importantes con habitualidad, tampoco. 

Y claro. Necesitas tiempo. 

Y espacio para gestionar el fallo. Porque al principio, y durante tiempo, fallarán. Y generarán cosas negativas en el partido. Pérdidas tuyas frente a posibilidades de canasta del rival. De esto va el talento. Y la faceta formativa e integradora. Y las etiquetas. Y la calidad de un equipo. De esto va el tema de jugadores menos talentosos. Entre otras cosas. 




domingo, 9 de julio de 2017

Metodología de partido. Dar confianza a tus jugadoras.

Él confiaba plenamente en mi. Sabía que todavía no estaba a la altura de las demás, pero me repetía que si no jugaba, nunca podría alcanzarlas. El entrenador llevaba razón. Pero me da tanta vergüenza salir y hacerlo mal. 

El rival pidió tiempo muerto. Ibamos tres abajo y Marta daba muestras de cansancio. El entrenador me miró. Quedaban seis minutos para terminar el cuarto. Patricia, por Marta. 

Dió tiempo a recuperar el aliento a las que acaban de entrar en el banquillo y lanzó una pregunta: “¿dónde creéis que nos están haciendo daño?…..”. “No estamos bajando todo lo rápido al balance defensivo y hemos regalado tres contraataques fáciles”, dijo Lucía. “Cierto chicas, Lucía lleva razón. Acordaros de que lo que hemos entrenado: el contraataque se para trabajando el rebote ofensivo y parando el balón lo más lejos de nuestro aro”. 

Sonó la bocina. Mis compañeras se levantaron y las que se quedaban en el banquillo me miraron sonriendo y dándome ánimos. Sabían que estaba histérica.  El entrenador me llamó mientras avanzaba hacia la pista y me dijo: “Vamos Patri, disfruta, verás que lo vas a hacer muy bien”. 

El primer balón que me llegó lo sorteé y cayó en manos de una rival. No supe que hacer con él. Se me paralizó el corazón. Sólo quería quitármelo de encima. 
El siguiente ataque, al recibir, pues era la mejor situada, hice pasos de salida. Mis compañeras me animaban, pero yo quería que me tragase la tierra. 

Cambio. Era para mi. Dos minutos en la pista. Dos balones perdidos, me quitaron un rebote y la mía anoto en mi cara. Desastre total. Y mi madre, aplaudiendo…..

Ahí iba yo a refugiarme en la pasividad del banquillo. Mi sitio. El entrenador me dijo que me quedara de pie, a su lado. Dió un par de indicaciones a mis compañeras en pista y me preguntó: 
- “¿Qué tal Patri, cómo te has visto?
- “Mal, muy mal”, contesté. 
- “¿Por qué mal?”, me volvió a preguntar, sin prestar atención al juego y centrándose en mi. 
- “Pues porque he hecho pasos, he dado un mal pase, en fin, un desastre”. 
- "¿Y por qué lo has hecho tan mal?"
- "Pues porque estaba histérica y no sabía que hacer con la pelota." 
- "Ok, esto no es nada diferente a un entrenamiento. Y ahí lo has hecho algunas veces bien, y otras mal. Tienes que estar atenta. Con el balón puedes hacer tres cosas, pasarla, tirar a canasta o botar. Y pasarla, habitualmente a una compañera tuya, es más recomendable”. Me hizo reír y eso me relajó bastante. Respiré. 

Y a continuación, con calma y serenidad continúo hablándome: "Cuando te llegue el balón, presta atención a tus compañeras en el lado contrario, se bloquearán, y una, previsiblemente, se quedará sola. Entonces,   se la pasas a ella. Sino, ataca con bote el aro. Eres rápida y probablemente te vayas de tu defensora. ¿Claro?. Primero atenta al lado contrario a ver que pasa y sino, ataca el aro, botando antes de lanzar el pie de pivote. Dos cosas. Confio en ti. Ya lo has hecho en los entrenamientos, así que seguro que lo haces aquí.". 

Iba a irme al banquillo cuando me dijo que pidiera cambio. Había pactado mi cambio con Silvia, para charlar conmigo y que ella volviera al banquillo. Cuando cambié, Silvia me miraba sonriente. Había estado solo un minuto y medio en pista y volvía al banquillo, solo para que yo me tranquilizara y volviera a intentarlo. Ya solo por este detalle y su sonrisa debía prestar atención al entrenador. 


En el primer ataque del equipo participé sin tocar el balón, pero en el siguiente, me llegó el balón. Me puse nerviosa, pero recordé: “primero lado contrario, y sino, atacar el aro”. Miré al lado contrario y ninguna de mis compañeras se zafó de sus defensoras así que me lancé hacia el aro con un bote duro. Me quité de encima a mi defensora por velocidad y al encontrarme sola tiré a canasta. El balón tocó el aro, pero no entró. El rebote lo cogió Ana y metió canasta para nuestro equipo. El banquillo aplaudió todo el ataque. Y el entrenador me aplaudía con una sonrisa de satisfacción por mis acciones. 

Bajé feliz a defender.