miércoles, 21 de junio de 2017

Intereses y personas. Por qué fracasa un proyecto. Toma 2.

Segunda parte de reflexiones para analizar el fracaso de establecer un proyecto deportivo en un club de baloncesto desde la posición de coordinador o director técnico. 

Un proyecto se ejecuta con la intención de cumplir una misión, de alcanzar objetivos. Nuestra misión se sustentaba sobre unos principios, se alimentaba de ideas, se desglosaba por actividades y se concretaba en tareas, teniendo en cuenta los recursos disponibles. 

La misión era clara: "formar personas a través del baloncesto y ser competitivos a través de la formación del entrenador".

Pero por encima de cualquier metodología de gestión de proyectos, un proyecto se trata de PERSONAS. Es el elemento clave. Personas que piensan, reflexionan, se comunican, ejecutan, etc. 

Como coordinador tenía dos tipos de personas a  mi alrededor, los miembros de la junta directiva (con director deportivo incluido) y los entrenadores. 
Lo primero que hicimos fue compartir el proyecto con los entrenadores y la junta directiva. Los proyectos no creo que se impongan, sino que todos los que participan en él tienen que  creer, hacerlo suyo. Se explicó y aprobó en Junta Directiva.  Y es a partir de ahí cuando empieza el verdadero trabajo de establecer, desarrollar e implantar el proyecto. 

Como explicaba arriba el proyecto se podría descomponer en las siguientes capas, niveles o escalones:

- Misión/objetivos.
- Principios.
- Ideas.
- Actividades.
- Tareas. 

Todos los escalones deben estar alineados unos con otros y ser coherentes entre ellos. Cualquier actuación tiene que estar alineada con la capa superior o inferior. Ejemplo: si el objetivo es formar personas, no puedes tener un principio que diga "en los partidos de minibasket solo jugarán el mínimo número imprescindible". 

La primera lección aprendida es que los proyectos no avanzan por igual según quien lo ejecute. A través de la conversación tienes que ser capaz de percibir en qué escalón de ejecución se encuentra tu interlocutor. Si con un entrenador estás conversando sobre tareas concretas y la conversación genera excesiva discusión, u observas que lo que hace no coincide con lo que dice, debes subir un nivel hasta encontrar el espacio en el que coincidís, y a partir de él, consolidar ideas y actuaciones que permitan avanzar. Si se discrepa en las actividades, subir a las ideas o principios, afianzarlos y volver a discutir sobre las actividades.

No es necesario que todos los que trabajan en el proyecto estén en el mismo punto, sino que cuando se avance el nivel anterior esté asentado. 
Debes conversar con cada uno hasta que cada escalón esté consolidado. Te darás cuenta no solo por las palabras sino, fundamentalmente, por sus acciones concretas. De nada sirven las palabras si los hechos caminan hacia un rumbo distinto. Segunda lección aprendida

No creo que nadie vaya en contra del objetivo de utilizar el entorno del deporte para mejorar a todas las jugadoras del equipo y apoyarlas en su desarrollo. Pero suele haber personas en la organización que sus intereses personales caminan en dirección contraria al proyecto en alguno de sus niveles. Tercera lección aprendida. Tienes que saber a quién le sucede esto, en qué capa del proyecto sucede y cuánto incide en el desarrollo del programa. Y para mi éste fue otro motivo por el que fracaso el proyecto, probablemente, el fundamental.

Para gestionar un proyecto no tienes por qué acompañarte de personas que piensen como tú, pero si tienen que compartir los mismos objetivos e intereses. 

Los intereses personales suelen ir relacionados con la preocupación por el prestigio propio - egos mal entendidos - (gané esta liga, ascendí a este equipo, conseguí tal trofeo, etc.), el poder (tengo personas a mi disposición, mando mucho, etc.) o el dinero. Cierto es que también te encuentras personas honestas que centran su atención en mejorar su organización en las áreas que les corresponden, con independencia de los réditos personales a alcanzar, buscando estar alineados con la misión.

Pero para mi pesar, me encuentro demasiadas personas desorientadas por  sus intereses personales. 

Dice Stephen R. Covey en su libro "El liderazgo centrado en Principios":

"No hay negociaciones o conversaciones, por más numerosas o prolongadas que sean, que puedan resolver los problemas que originan la deshonestidad, la mentira, la falta de responsabilidad de las partes implicadas, o el que éstas solo sirvan a sus propios intereses".

Habitualmente, lo que me he encontrado es el interés personal asociado a ganar o por tener los equipos en las categorías más altas. 

No estoy ni a favor ni en contra de esta idea de que el objetivo es ganar. Sencillamente, no la concibo dentro del eslogan "formar personas a través del deporte".

Para nosotros, ganar partidos y tener los equipos en las competiciones más altas posibles es una consecuencia, no un fin. La realidad es que cuando se pone la victoria por encima de la formación de la persona, todas tus actuaciones en cualquier escalón o  nivel del proyecto irán orientadas a la victoria  y comenzará la ambigüedad, la hipocresía y la inconsistencia, siempre que tu misión sea la de "formar personas a través del baloncesto".

Hay entrenadores que la competición y la victoria les genera excesivo desasosiego. O directivos que buscan victorias cuanto antes. Se centran en los resultados por encima del proceso. Personas que asocian el éxito exclusivamente al resultado. Aquellos a los que la victoria les ciega no son capaces de percibir el éxito en otras versiones.  

De lo que estoy rotundamente en contra es de la incoherencia. Si dices, hazlo. Si dices que formas personas a través del deporte, hazlo, demuéstralo. Y si lo que haces es trabajar para ganar partidos como primer objetivo, di lo que haces.

Os dejo una muy interesante entrevista de Pedro Martinez, que acaba de dejar el club con el que se ha proclamado campeón de la Liga de Baloncesto Española, la ACB, donde entre otras cosas dice que: "Si no estás en la misma onda, es mejor no continuar". Ejemplo de coherencia. 




miércoles, 14 de junio de 2017

Talento versus tiempo. El fracaso de un proyecto.

He estado durante dos años como coordinador de la cantera de un club de baloncesto junto con dos entrenadores que han colaborado conmigo.

Algunas ideas del proyecto las hemos plasmado en esta bitácora a través de diferentes artículos.

El proyecto ha fracasado. Renuncié a mi cargo. Y me gusta hablar de lo que no ha salido bien y quería compartirlo. 

La piedra angular del proyecto, la clave, la esencia, la insignia del proyecto ha sido el TALENTO. Pero el talento de TODOS los jugadores. La firme creencia de que cada uno de los jugadores/jugadoras de cada equipo tenía uno o varios talentos.

Y tras un periodo de análisis y reflexión uno de los motivos del fracaso del proyecto ha sido el TIEMPO. Hay otros, pero hoy me gustaría detenerme en este. 

El tiempo se ha opuesto al desarrollo y evolución del proyecto. Diría que fue  la gestión del tiempo, en cómo enfocábamos los coordinadores el tiempo y cómo lo enfocaba la dirección del club. 

Talento y tiempo. Tiempo en partido. 

La manifestación tangible de la creencia del talento de tus jugadores es el tiempo que permanecen en la pista durante los partidos. No solo  tiempo para los  de más impacto en el resultado y un rato para los de menos impacto. Si crees en el talento de todos, tienes que darles tiempo en el partido para que  todos experimenten y desarrollen su talento.

Supongamos que tu jugador "Juan", que no es de los más impacto en pista,  tiene un talento máximo de 4 (sobre una escala de 0-10). Nuestra idea fue trabajar para que alcanzara el 4, su techo (e incluso más, porque no...). Y para conseguirlo, "Juan" necesitaba tiempo en pista. Pero este tiempo puede significar que "Juan" pierda balones (y por cada pérdida de balón, no metes canasta y te la pueden meter, diferencial de cuatro puntos en contra). 

Si prima la victoria sobre el desarrollo del talento, "Juan" será de los jugadores "menos habituales", pues su impacto en pista es negativo y afecta a mis posibilidades de ganar. NO HAY TIEMPO PARA "JUAN".

Talento y tiempo. Tiempo de ganar. 

Si tu primer objetivo y principal interés es mantener una categoría o ganar una competición, o "competir más" en esta temporada, y quieres ganar este sábado y los resultados te urgen porque lo quieres ya, entonces, no hay paciencia en el tiempo para el desarrollo del talento de "Juan". Por lo tanto, aquellos que tienen por naturaleza, más impacto en el resultado serán los que acaparen los minutos. Como queremos competir ya, NO HAY TIEMPO PARA "JUAN".

Los intereses y objetivos de los coordinadores estaban puestos en cada uno de los doce jugadores/jugadoras de cada equipo. En desarrollar todo lo mejor que pudiera llegar a ser cada uno, y a través de su mejora, ser más competitivos. 

El tiempo nos lo impidió.

Por cierto, os dejo en una imagen algunas de las ideas de cómo se trató de desarrollar el talento de "Juan":








domingo, 28 de mayo de 2017

El cante flamenco y el baloncesto

Andaba yo buscando información del espectáculo "Voces" de Sara Baras, una bailadora flamenca oriunda de la Isla de Léon, San Fernando (Cádiz), y me encontré con  el  programa. Leyéndolo, observé que incluía citas de personajes relacionados con el mundo del flamenco, y me sorprendieron algunas por su similitud con ideas que hemos expuesto en esta bitácora hablando de baloncesto. 


"...tienes que dominar la técnica de una manera que te tienes que olvidar de los dedos para que fluya directamente lo que estás sintiendo hacia afuera sin que se note ese medio que es el instrumento y de pronto, te viene eso que llaman inspiración, agarras la guitarra y te sale una frase bonita, pero yo creo más en el trabajo, si estas esperando a la inspiración que venga por sí sola, te puedes pasar seis meses sin hacer nada..." Paco de Lucía. 


En esta cita, Paco de Lucía, habla de la repetición del gesto al tocar la guitarra, pero llevada al objetivo de transformarla en un acto inconsciente, sin pensar, sino, simplemente, que fluya. Y el paralelismo con cualquier gesto del baloncesto me parece sorprendente. Lo que buscamos es que los jugadores tomen decisiones y ejecuten gestos técnicos partiendo de la observación de lo que sucede en la cancha. 

Y después, el trabajo, el esfuerzo. Entrenar duro, pero conociendo hacia dónde vas porque sino, "te puedes pasar meses sin hacer nada", y tus jugadoras no mejorarán. 


La técnica juega un papel que hay muchísimo de estudio pero es como conducir lo que hay que lograr es que no sea un acto intelectual, la técnica, sino un acto reflejo, para poder expresar los sentimientos..." Antonio Gades. 

Sorprendente, de nuevo habla de la técnica como un paso intermedio, una herramienta para transformar las acciones, en nuestro caso de los jugadores, no en un acto intelectual (nuestros jugadores no tienen que pensar), sino un acto reflejo (nuestros jugadores tienen que ejecutar inconscientemente), es una cuestión de sentir. 

...y se está olvidando por que baila el ser humano, el ser humano bailaba por un estado anímico, porque estaba triste, porque estaba alegre, porque quería bregar, por eso bailaba...”. Antonio Gades.

A veces, como entrenadores nos olvidamos de por que juegan nuestras jugadoras, qué les mueve a ir a entrenar. Y entonces, no somos capaces de adaptarnos a ellas, para lograr que jueguen mejor al baloncesto. Solo seguimos nuestro guión, con independencia de quien esté en frente.  Y no somos capaces de motivarlas porque no entendemos "por que quieren bailar". 


"...y muchas veces prefiero estar en la libertad, que ajustado exageradamente en una cuadratura que no diga nada y no transmita nada...”.  Enrique Morente. 

El juego libre, el juego semi-estructurado, el juego por conceptos, los sistemas cerrados. Cada entrenador tiene una visión de lo que resulta mejor para el jugador y para el equipo,  y entiende cada tipo de juego de una manera. Pero para nosotros queda claro que no hay nada más bonito en una cancha que cinco jugadores tomando decisiones según observan lo que sucede y conectados unos con otros de manera fluida y con la intervención mínima o nula del entrenador.  





Os dejo con el video resumen del espectáculo de Sara Baras, "Voces":


martes, 16 de mayo de 2017

El análisis al finalizar la temporada. El crecimiento del entrenador.

Al empezar la temporada definiste una serie de objetivos en distintas áreas. Conocías el punto de partida, y querías llegar a otro. No era un único camino recorrer, sino varios, y ¿qué tipo de caminos (áreas) tenías? Se me ocurren los siguientes:
  • De mejora como entrenador.
  • De crecimiento individual técnico del jugador. 
  • De mejora de juego colectivo. 
  • De mejora como equipo. 
  • Competitivos. Alcanzar un resultado determinado. 
  • De crecimiento personal de la jugadora. 
También pudiste considerar otros, tales como:
  • Metodología empleada. Tipos de ejercicios, comunicación, correcciones, etc.
  • Gestión de la planificación. 
  • Gestión de los partidos. Planificación, ejecución, etc.
En cada área, o camino metafóricamente hablando, para alcanzar ese punto donde querías llegar (objetivos), has ido planteado determinadas acciones, actividades, ejercicios, etc. a lo largo de la temporada. Quizás también definiste unos principios (pilares, cimientos) en los que basarte. 

Ahora, que está terminando la temporada, es un buen momento de valorar si has alcanzado los objetivos, si los objetivos estaban bien definidos,, si las herramientas utilizadas fueron las adecuadas, si utilizaste otras, si los principios se plasmaron en la vida del equipo, etc. No importa tanto que lo hayas conseguido o no, sino reflexionar sobre las actividades realizadas y si han sido útiles para la consecución de los retos que te propusiste. Tiempo de pensar. Tampoco importa tanto que no tuvieras objetivos de inicio, puedes valorar la experiencia igualmente. 

Valorar por qué lo has conseguido o por qué no, qué piedras del camino te lo han impedido o te han impulsado. 

Ahí es donde reside el verdadero aprendizaje. La experiencia reflexiva. Entender lo que ha pasado durante la temporada en cada una de las áreas que planteaste, reflexionar y transformarlo en propuestas de cara a la siguiente temporada. 

De este modo, serás mejor entrenador, mejorarás a tus jugadores y tus equipos serán mejores equipos. 


Recuerda, da igual que hayas ganado mucho o perdido mucho. La clave es la experiencia reflexiva y tranformarla en propuestas ejecutables de cara a la próxima temporada. 

martes, 2 de mayo de 2017

La construcción de un jugador. La base: Humildad

Cuando le preguntas a cualquier persona qué es la humildad, no sueles encontrar una respuesta rápida y sencilla. Habitualmente ponen ejemplos o dan rodeos para tratar de explicar esta virtud o valor. 

Para nosotros, la humildad es una virtud esencial a desarrollar en nuestros jugadores, pues fomenta dos líneas de desarrollo personal claves para construir un equipo. La primera línea es la de la persona hacia "dentro", pues acorrala al "ego" que ciega al jugador limitando su crecimiento, al tiempo que le permite desarrollar la auto confianza. 
La segunda línea es la de la persona hacia "fuera", ya que permite el espacio para que los compañeros se sientan importantes y protagonistas. 

Aquí os dejamos lo que es para nosotros la humildad, donde más allá de la definición hemos preferido traducirla en acciones. La humildad es:

1. Escuchar más que hablar

2. Mis palabras fortalecen la autoestima de los demás

3. Ser agradecido

4. Utilizar mis talentos para ayudar a otros

5. Pedir perdón y perdonar

6. Vivir sin compararte

7. Cuestionar mis principios

8. No magnificar mis aportaciones

9. Estar dispuesto a cambiar

La humildad permite al jugador y al entrenador preguntarse: "¿cómo puedo hacer mejor esto?

¿Puedes, como entrenador, trabajar estas acciones en tus jugadores? ¿y en ti mismo?

lunes, 24 de abril de 2017

La valentía de ser coherente a unos principios

Si hay un club deportivo en España que abandera los valores del deporte, ese es el Estudiantes de Madrid. Con cierta injusticia se lleva la fama de exportar estos valores, los cuales otros muchos clubes también exportan. 

Hoy en día es fácil decir las cosas pues es fácil publicitarse y vender a los cuatro vientos cualquier tópico. Internet está lleno de frases grandilocuentes que van pasando de mano en mano entre los miles de usuarios. También todos los clubes tienen  la misión de “formar personas”. Es bueno. Muy bueno. No lo dudo. 

Ahora, si bajamos del autobús de lo virtual y la propaganda y nos apeamos en la parada de la vida real, la del contacto personal, la de tener que actuar, la de observar las circunstancias y situaciones, la de tomar decisiones, la de “hacer cosas” con las personas en frente tuya…, ahí…, amigo, las frases grandilocuentes se tornan más complicadas para trasformarse en hechos concretos y esa propaganda de los clubes se difumina. Porque las frases se quedan en frases y la propaganda y las misiones se quedan aparcadas en las esquinas de las canchas. 

De repente, en el mundo real, entran los egos, los intereses personales, el orgullo o la falta de humildad y se tergiversa el contenido glorioso y grandilocuente que ha ido pasando de mano en mano por lo virtual o se ha hecho viral en facebook o que se ha compartido repetidamente por otras redes sociales y comentado en los miles de grupos de entrenadores de miles de clubes deportivos. 

Hoy hablo de coherencia, de seguir un camino y ser fiel a él. De tener unos principios y ser consecuente con ellos. De asumir consecuencias y de correr riesgos. De lealtad. De que tu forma de vivir, tu conducta, tu comunicación, y tus hechos estén acordes a esa misión, a esas frases que tanto reenviamos a nuestros contactos virtuales. 

Estudiantes es un club que pregona el espíritu de sacrificio, el partir de la persona para construir un camino que va más allá de la victoria, formar personas a través del baloncesto. Habla de trabajar el fundamento individual como base de la construcción del juego. De defensa individual, de apretar los dientes. Habla de humildad, entendiendo humildad como saber que otros lo pueden hacer mejor, de reconocer las virtudes del rival, de escuchar. Estudiantes no existe. Existen personas que van a un lugar llamado Magariños o Nevera y que entrenan o son entrenados, que planifican, coordinan, dirigen, hacen números y gestionan la logística. Existen personas. Y hay de todo tipo de personas en esa organización. Como en todas.  

Anoche el primer equipo femenino de Estudiantes de Madrid logró el ascenso a la máxima categoría del baloncesto femenino. Si me quedara con la alegría de la victoria y el ascenso no haría justicia con el equipo. Hay mucho más detrás del hecho de meter más canastas que el rival durante dieciocho partidos consecutivos. Si nos quedáramos solo con las victorias no entenderíamos muy bien al equipo y navegaríamos sobre la superficie de una historia mucho más profunda. 

Ganar dieciocho partidos seguidos tiene un componente de suerte. Y ellas y ellos lo saben. Pero a la suerte hay que provocarla. También lo saben. 

Son muchos años de trabajo de mucha gente que se han visto plasmados en un ciclo de cuatro años, jugadoras, entrenadores, directivos, etc. El gran acierto del Estudiantes ha sido dejar cocinar un proyecto a cuatro años y ser perseverantes y constantes con las personas que lo han liderado. Me da igual si el baloncesto femenino les importa menos o más. Tampoco me preocupa que no haya tantas jugadoras de cantera en el primer equipo como pregonan en su propaganda “somos un equipo de patio de colegio”. Lo cierto es que han apostado por ellas,  y por ellos (los tres chicos del cuerpo técnico). Por creer en una forma de entender el deporte y en consecuencia la vida. 

Dudas, incertidumbres, errores, equivocaciones, trabajo, muchas horas dedicadas impagadas, muchos viajes, muchos paseos, innumerables conversaciones de baloncesto y de la vida, nervios, angustias, emociones, lesiones, recuperaciones, estudios, días y días exprimiendo las horas, enfados, zapatillas volando en los entrenamientos, risas, muchas risas, hoteles, autobuses, aviones, charlas prepartido, entrevistas, apuntes en el tren, exámenes en medio de los entrenos, silencios, broncas, lesiones, ojos frente al ordenador, mentes pensando, manos curando, sesiones de pesas, canciones, bailes prepartido, videos, informes, esperas en la estación, juegos, lloros, frustraciones. 

Podría ser la historia de otros muchos equipos que no se han clasificado o que, clasificados para la fase de ascenso, al final no han conseguido ascender (bueno, lo de las zapatillas volando en los entrenos quizás es diferente...).

La gran diferencia, desde mi punto de vista, es el punto de partida, es decir, las creencias, los principios. Su cuerpo técnico ha sabido representar los valores del Estudiantes, día a día, palabra a palabra, hecho a hecho, ni si quiera partido a partido sino que entreno a entreno y el tiempo entre los entrenos. Estos valores se fundamentan en la persona, no la jugadora. Y se ha construido a partir de ahí. La persona lo primero. 

Y esa es la gran dificultad y el gran mérito de este ascenso. No es lo que se ha logrado, que también, sino cómo se ha logrado. Siendo coherente. El primer equipo femenino de Estudiantes es un ejemplo de coherencia, de lealtad a una forma de entender el deporte y que comparto plenamente. Es el vivo espíritu del Estudiantes, la esencia del club al que representan. Es una manifestación de que “formando personas” también se puede “desarrollar jugadoras”, se puede ser competitivo hasta en las más altas categorías de un deporte. 

Ser coherente es muy dificil. Solo apto para valientes. 

Yo ya sabía que hacían magia... 


Dedicado a las jugadoras que ya no están en la plantilla pero estuvieron, a las que están y al cuerpo técnico, que siempre ha estado. 

viernes, 21 de abril de 2017

Los argumentos y las excusas

Los argumentos y las excusas.

Más de un entrenador se pregunta qué puede hacer él para combatir las ausencias de sus jugadores adolescentes a los entrenamientos. 

Y al platear la cuestión en foros de entrenadores, aparece por el medio de la conversación la idea de “castigo en partido” y se cuela un “no todo es culpa del entrenador” o “la sociedad ya no es como era antes”. 

Pero ese entrenador sigue buscando respuestas, más allá de las anteriores. Respuestas que le tranquilicen, le convezcan, le den la seguridad de que él ha hecho todo lo que estaba en su mano para revertir una situación de ausencias. 

Es evidente que el castigo en partido es una opción. También es evidente que no todo es culpa del entrenador y que la sociedad actual no es como la de hace veinte años. Todo es cierto. Pero quedarse en estas respuestas denotan inmovilismo y cierta falta de creatividad. Quizá algo de cobardía. Poca autocrítica. 

El otro día, de mis diez jugadoras, vinieron a entrenar cuatro. Tres escribieron por el grupo notificando su ausencia y el motivo por el que no asistirían. Otras tres que también faltarían pero sin ningún motivo detrás.

¿Resultado? Un 40% del equipo presente en pista. Una hora y cuarto en pista entera con cuatro jugadoras. ¿Mi decisión?:


1. Centrarme en las jugadoras presentes. Salió un entreno divertido y serio. 
2. Pensar en por qué algunas justifican sus ausencias y otras no . Escribí este tweet:
“Faltan a entrenar y explican el motivo, argumento. Si no, es una excusa. A partir de ahí, centrarse en las que están, no en las ausencias
3. Hablar con las tres jugadoras en el siguiente entrenamiento. 

Y llegó el siguiente entrenamiento. La conversación con ellas, de manera individual, no debería servir para recriminar su actitud. Ya saben que había entreno y que no fueron y no explicaron el motivo. La conversación  debería servir para dos propósitos, el primero, utilizar esta situación para ayudarlas en su crecimiento a la vida adulta, y por otro lado, tratar de corregir esta situación y fomentar su asistencia a los entrenos, ya que como entrenador, parte de mi misión es enganchar a las chicas. 

La conversación con cada una empezó leyendo el tweet y preguntándoles si lo entendían. Risas flojas, miradas y enseguida un argumento en la boca. 

"No quiero argumentos, no me interesan. La conversación no es para que me argumentes tu ausencia porque no lo hiciste anteriormente. La cuestión no es esa. Lo fundamental es que tu has adquirido un compromiso contigo, conmigo y con el equipo y si hay algo más importante que el entrenamiento, no soy yo, el entrenador, quien debe juzgarlo, sino tú. Y debes ser valiente para explicarlo. Eso se llama madurez. Callarse, es una evidente señal de que no quieres contar algo o no estás convencida de tu conducta. Y esto te va a pasar en el baloncesto y en otras situaciones personales. Cuando decidas algo, tienes que tener argumentos detrás que expliquen tus decisiones, tu comportamiento, tu actitud. Eso es honestidad, ir de cara por la vida, tener la satisfacción de no ocultarte ante nada ni nadie. Se trata de ser coherente, que no es tarea fácil."


Esta es la utilidad de la situación. Ayudas a la jugadora a crecer y la orientas a que quiera venir a entrenar.


En ocasiones, el argumento recurrente es el del estudio, que puede ser cierto o no. Pero lo evidente es que algo falla. Probablemente no sea la organización del tiempo, ni su carga académica. Probablemente sea que no le interesa lo que pasa en la pista en cada entreno. Puede ser responsabilidad mía o que los motivos que le traían a la pista cada día se hayan desvanecido. 

Lo expuesto hasta ahora es una posible solución a una situación concreta. Desde el inicio de la temporada debes trabajar para poner los cimientos que eviten posibles ausencias, especialmente en periodos post vacacionales, donde aquellos jugadores que dudan, se dejan arrastrar por otras ofertas para llenar su tiempo.


Por eso es importante preguntar y conocer los motivos por los que tus jugadoras vienen a entrenar. Por eso tienes que adaptar tus expectativas a ellas. Porque quizás el objetivo que ella busca no es el tuyo. Y claro, tienes otras tantas jugadoras. Y piensas que no es posible que tú te tengas que adaptar a doce objetivos, que sería más fácil que se adapten ellas a ti.

Pero si preguntas, los objetivos se reducen, generalmente, a los siguientes:

  • Diversión. 
  • Sentimiento de equipo. 
  • Mejorar técnicamente. 


A partir de ahí tienes que trabajar en dinámicas que favorecan el sentimiento de grupo, hacer entrenamientos divertidos y proponer objetivos técnicos individuales que hagan percibir a la jugadora que está mejorando (por ejemplo, en cada entrenamiento no puedes perder más de dos pases, o tienes que pasarte el balón entre las piernas y atacar directo dos veces, etc.).  Me refiero a realizar actividades para que ellas alcancen sus objetivos, sean los que sean. Si además esas actividades te guían hacia tus objetivos técnico - tácticos, significará que estás trabajando en el camino correcto donde todo confluye.



sábado, 1 de abril de 2017

El baloncesto es un juego de.......

El baloncesto es un juego de errores.
El baloncesto es un juego de espacios.
El baloncesto es un juego de contactos
El baloncesto es un juego de .............


A veces, nos olvidamos  de que, primero, el baloncesto es un juego. 

Por definición de la RAE , jugar es: "Hacer algo con alegría con el fin de entretenersedivertirse o 
desarrollar determinadas capacidades"

Alegría, entretenerse y divertirse. A la vez, desarrollar determinadas capacidades. 

¿Cuántos entrenadores-jugadores-padres ves entretenerse o divertirse los días de partido? 

La alegría, el entretenimiento o la diversión deberían ser un objetivo primordial en los partidos. Jugar alegre te conduce a la victoria. Divertirse te conduce a la victoria. 

Y para los extremistas, este mensaje no está reñido con el esfuerzo, la concentración o la intensidad. Los chicos también se divierten  a través de estos conceptos.

No te olvides. Esto es un juego. 




martes, 28 de marzo de 2017

El progreso del entrenador. Vulnerabilidad y pensamiento crítico.

La vulnerabilidad y el pensamiento crítico. 

Dos características claves para progresar como entrenador. 

Hay otras muchas maneras de progresar: estudiar tu deporte, charlar con otros entrenadores, ver partidos, asistir a clinics, ver entrenamientos, etc., pero si realmente quieres progresar, desde nuestro punto de vista, se vulnerable y auto crítico. 

Vulnerabilidad: Cualidad de vulnerable. 
Vulnerable: Que puede ser herido o recibir lesión, física o moralmente. 

Ser vulnerable implica abrir tus métodos a los demás, mostrar cómo haces las cosas. Dar voz a tus deportistas para que tengan opinión o explicar por qué haces las cosas. Te ayudará a mejorar como entrenador, y además, construirás deportistas inteligentes, que se cuestionen cosas y entiendan el por qué de lo que están haciendo. 

A nadie le gusta hacer el ridículo, ni que, como dice la RAE, le hieran. Si utilizas la instrucción directa sin necesidad, ocultas bajo la autoridad, bajo los gritos, tus carencias, tus limitaciones y tus inseguridades. 

Pero si por el contrario muestras tu trabajo a la crítica, si eres una persona humilde que entiende que no todo lo sabe, tendrás la oportunidad de contrastar tu forma de hacer las cosas ante otros entrenadores o los deportistas a los que entrenas. 

Y no es cuestión de trabajar en la élite. El fin de semana pasado, en un partido de alevines, escuché a una entrenadora decir lo siguiente en un tiempo muerto: "Chicas, estoy bloqueada, no se que deciros". 
Era un partido tenso provocado por la falta de perspectiva de los padres de ambas aficiones, que terminaron gritando en lugar de animar y comprender al árbitro. En esa situación, la entrenadora se mostró vulnerable antes sus jugadoras, fue humilde y sincera. Y una jugadora, de 11 años, de su equipo, le dijo:" Pues háblanos de lo que hacemos mal en ataque y en defensa, y lo que estamos haciendo bien". Acto seguido, la entrenadora, empezó a hablarles de lo que le había dicho su jugadora. Tras el partido le dio las gracias. Excelente jugadora y entrenadora.  

Puedes pensar que la entrenadora es mala, que no supo reaccionar. Lo yo creo que ella, después de esa situación, es mejor entrenadora. Y de eso se trata, de utilizar la experiencia, de aprovechar el conflicto, de entender  las situaciones como oportunidades de aprendizaje. Fue vulnerable, humilde y valiente. 

Y cuanto más desarrolles esta línea, más vulnerable seas, casualmente, se produce el efecto contrario del que muchos piensan. TE VUELVES CADA DÍA MÁS SEGURO, cuando lo habitual es pensar que la vulnerabilidad te lleva a la vergüenza o al desprestigio por parte de tus deportistas. 

Evidentemente, no hablamos de lanzarse en paracaídas, o tirarse sin red. Tu trabajo se debe fundamentar en el esfuerzo, la planificación, etc.  y no tener miedo a la crítica. Utilízala con el propósito de aprender. Por supuesto  debes ser  consciente de quien te critica, ya que los hay que buscan hacerte daño gratuitamente y quien para hacerte crecer. A poco que seas espabilado, es fácil de distinguir. Se trata de aprender a aceptar las críticas sin dañar tu autoestima.

Pensamiento crítico. 

Analiza lo que haces, dale dos vueltas. Y sobre todo, pon en ti la raíz de las cosas. Piensa siempre que las consecuencias son motivadas por tus actos. Causa - efecto: Algo ha pasado porque yo he hecho algo. No eches balones fuera. Se crítico contigo mismo. Enjuiciate. 

Ese es siempre el primer paso que hay que dar, aunque estés plenamente convencido de que no es así. La autocrítica te llevará a corregir o a confirmar tus ideas. Como entrenador, piensa siempre en ti como responsable. 

Trabaja sobre lo que está bajo tu control cuando analices situaciones o problemas. Corrige sobre tus acciones. Son las que están en tu mano. Lo que hacen los demás, no lo puedes cambiar. Solo puedes, con tu actitud, influir en ellos. 

En definitiva, VULNERABILIDAD y PENSAMIENTO CRÍTICO. 

lunes, 6 de marzo de 2017

Yo quiero ganar

Competir, ganar, formar, salir a divertirse, salir a ganar, etc. El eterno debate. ¿Son conceptos opuestos? ¿Se complementan?

Aquí explico nuestro punto de vista y nuestra manera de afrontar el factor competitivo de un equipo de baloncesto de cantera. 

Desde aprendebaloncesto diferenciamos entre la satisfacción y la alegría y sus opuestos,  insatisfacción y tristeza o pena. 

En primer lugar buscamos estar satisfechos y si es posible combinarlo con terminar alegres, es decir, superando al rival y ganando el partido. 


Primer objetivo: Estar satisfechos. Para conseguirlo, nos apoyamos en las siguientes ideas:

Primera idea: en los partidos tenemos un plan del partido. Ese plan se alimenta de lo que entrenamos. Lo que entrenamos se alimenta de lo que planificamos. Y lo que planificamos se alimenta de unos objetivos individuales y colectivos, técnicos y tácticos, conductuales y motivacionales, competitivos y de entrenamiento, que se mantienen, fluctuan, cambian o modifican en función de las características de nuestras jugadoras y la consecución o no de los objetivos. 


El origen del plan del partido


Los objetivos definidos dicen únicamente quienes sómos o quienes queremos ser. Poco más. Es sólamente en el proceso de definición donde los objetivos adquieren protagonismo, después, quedan relegados a un segundo plano. 

Para alcanzar los objetivos pretendidos, entrenamos a través de conceptos. Y con los conceptos asimilados, trabajamos los detalles. 

Segunda idea: donde bajamos al terreno de lo tangible, de las cosas que podemos ver. De aquello que está bajo el control de la jugadora, en definitiva, hablamos de “hacer cosas”. Un ejemplo de lo “tocable” sería, tener pies activos en defensa, como ejemplo de un detalle y su concepto asociado, “nuestra defensa ataca”. Ambos aspectos pueden ser tocados-entendidos por las jugadoras y están bajo su control. 

Otros ejemplos podrían ser el chocarse las manos, el animar desde el banquillo, el gestionar la frustración, el correr hacia delante, el fijarse dónde me coloco para empezar un ataque posicional, cargar el rebote de ataque, etc. 

A partir de ahí, exigimos a las jugadoras centrarse en los detalles. Centrarse en algo es prestar atención de manera prolongada. Ya tenemos lo que está bajo el control de la jugadora, y se lo podemos exigir y corregir en función del plan establecido. 

Poner en práctica los conceptos ofensivos, defensivos, conductuales, etc.,  con su multitud de detalles, que con paciencia, tratamos de convertirlos en acciones incoscientes de las jugadoras en cada entrenamiento y en cada partido, es nuestro verdadero objetivo, donde ponemos toda nuestra atención como entrenadores. 

Tercera idea: Entran a jugar los partidos, entra otro factor a tener en cuenta para la idea de competir o ganar, etc., que es el rival. Y el rival juega en oposición a nosotros. Su objetivo es dificultar nuestras posibilidades de meter canasta y que sea fácil para ellos anotar. Pero la realidad es, que para lo que nos importa, el rival juega a nuestro favor, pues nos permite trabajar todo lo anteriormente explicado en unos contextos diferentes al entrenamiento, dándonos opción a avanzar hacia la última fase del aprendizaje, la ejecución inconsciente y eficiente durante el partido. 
El rival usa sus “armas” para tratar de vencer. Y este factor es clave. Eso, no está bajo tu control, ni sus “armas” ni cómo las utiliza. Lo que está bajo el control de las jugadoras es la ejecución de los detalles integrados en la toma de decisiones y la interacción entre compañeras. Lo que está bajo el control del entrenador es el tratar de entender las armas del rival e intentar anularlas utilizando las tuyas. 

Decíamos al principio que para ganar un partido, en primer lugar buscamos estar satisfechas. Satisfechas con hacer lo que tenemos que hacer, seguir un plan de partido y centrarnos en lo que está bajo nuestro control, los conceptos y detalles. Lo trabajado durante los entrenamientos. Si conseguimos eso, terminaremos satisfechas el partido. 

Segundo objetivo: Estar contentas. Para salir alegres del partido queremos ganar el partido. 

Tenemos un plan, detalles, conceptos, planificaciones, etc., y un rival con el que jugar. 

¿Y para ganar? Pues ahí descargamos la responsabilidad total en el entrenador. Tiene que ser capaz de leer el partido para maximizar nuestras virtudes y adelantarse a las posibles situaciones en las que el rival nos pueda hacer más daño, pero siempre desde las herramientas disponibles, lo entrenado según su planificación y objetivos y sus las jugadoras, pero no tres o cuatro, sino TODO el equipo. La posibilidad de ir a por el partido es una responsabilidad de todas las jugadoras, porque todas tienen talento. De ese modo, todas jugarán los minutos suficientes para sentirse participes de esa posibilidad. TODAS construyen la posibilidad de ganar el partido.  ¿Ganarlo? Es cuestión del mayor número de jugadoras posibles que estén plenamente enchufadas. ¿Lo ideal? Las doce. 

Incidir en la idea de que cuando nuestros equipos salen a la pista, el objetivo es competir, tener la posibilidad de llegar a la fase final del partido con opciones de vencer al rival. Y si llegamos a esa situación (final del tercer cuarto, más o menos), tratar de ganar el partido. Si hemos seguido nuestro plan y ganas, estarás, además de satisfecha, contenta, alegre. Si pierdes, estarás satisfecha, pero triste, fastidiada. Esto es deporte, recuerda, nadie gana siempre. 

La cuestión es si empezamos a centrarnos en cosas que no están bajo tu control. El árbitro, las pérdidas de atención porque no me salen las cosas, las carencias de mis jugadoras, los enfados por fallarlas, el rival que mete más canastas que tú, etc. Y comienza la insatisfacción con uno mismo. Te sientes incómoda, aparecen los fantasmas, la frustración, afloran los egos y mirar a las compañeras, entrenadores eludiéndo responsabilidades, etc.

Resumen final:

Así que primero trabajemos en buscar la satisfacción, pues sin ella, hay muchas posibilidades de perder el partido, y después, vayamos a por la alegría.  

La victoria nos genera una alegría temporal, finita en el tiempo, que se desvanece poco a poco. La satisfacción construye caractéres, genera autoestisma, fomenta la autoconfianza, crea vínculos entre las jugadoras, fortalece al equipo. 

Lo que realmente queda, y genera poso, es la satisfacción, el hacer lo que te propones, todo lo bien que puedas en ese partido en concreto, o en esa competición. 

¿Esta idea es no querer ganar? Rotundamente NO. ¿Esta idea es que me centro más en la formación y me olvido de la victoria o la derrota? Rotundamente NO. Yo quiero ganar, pero estando satisfecho. Y estando satisfechas, TODAS las jugadoras. 

Quiero ganar construyendo jugadoras, no perdiendo jugadoras en el camino. 

Quiero ganar ayudando a construir personas, como la mayoría de todos los entrenadores que conozco. 


Por último, la evaluación. Si nos hemos centrado en lo explicado anteriormente, evaluaremos aquello que nos importa y está bajo nuestro control, lo que significa que la evaluación de mi faceta de entrenador no se hará en función de si gano o pierdo, sino en función de si alcanzan los objetivos particulares establecidos para cada jugador y para el equipo. Se evalúa lo merecido, no lo conseguido. Hay que ser coherente. Si te importa el proceso, evalúa en función de lo trabajado en el proceso, no en función de si has ganado o perdido más o menos partidos.

¿Quiero ganar? SI. Ya sabes cuál es nuestro camino.