martes, 16 de mayo de 2017

El análisis al finalizar la temporada. El crecimiento del entrenador.

Al empezar la temporada definiste una serie de objetivos en distintas áreas. Conocías el punto de partida, y querías llegar a otro. No era un único camino recorrer, sino varios, y ¿qué tipo de caminos (áreas) tenías? Se me ocurren los siguientes:
  • De mejora como entrenador.
  • De crecimiento individual técnico del jugador. 
  • De mejora de juego colectivo. 
  • De mejora como equipo. 
  • Competitivos. Alcanzar un resultado determinado. 
  • De crecimiento personal de la jugadora. 
También pudiste considerar otros, tales como:
  • Metodología empleada. Tipos de ejercicios, comunicación, correcciones, etc.
  • Gestión de la planificación. 
  • Gestión de los partidos. Planificación, ejecución, etc.
En cada área, o camino metafóricamente hablando, para alcanzar ese punto donde querías llegar (objetivos), has ido planteado determinadas acciones, actividades, ejercicios, etc. a lo largo de la temporada. Quizás también definiste unos principios (pilares, cimientos) en los que basarte. 

Ahora, que está terminando la temporada, es un buen momento de valorar si has alcanzado los objetivos, si los objetivos estaban bien definidos,, si las herramientas utilizadas fueron las adecuadas, si utilizaste otras, si los principios se plasmaron en la vida del equipo, etc. No importa tanto que lo hayas conseguido o no, sino reflexionar sobre las actividades realizadas y si han sido útiles para la consecución de los retos que te propusiste. Tiempo de pensar. Tampoco importa tanto que no tuvieras objetivos de inicio, puedes valorar la experiencia igualmente. 

Valorar por qué lo has conseguido o por qué no, qué piedras del camino te lo han impedido o te han impulsado. 

Ahí es donde reside el verdadero aprendizaje. La experiencia reflexiva. Entender lo que ha pasado durante la temporada en cada una de las áreas que planteaste, reflexionar y transformarlo en propuestas de cara a la siguiente temporada. 

De este modo, serás mejor entrenador, mejorarás a tus jugadores y tus equipos serán mejores equipos. 


Recuerda, da igual que hayas ganado mucho o perdido mucho. La clave es la experiencia reflexiva y tranformarla en propuestas ejecutables de cara a la próxima temporada. 

martes, 2 de mayo de 2017

La construcción de un jugador. La base: Humildad

Cuando le preguntas a cualquier persona qué es la humildad, no sueles encontrar una respuesta rápida y sencilla. Habitualmente ponen ejemplos o dan rodeos para tratar de explicar esta virtud o valor. 

Para nosotros, la humildad es una virtud esencial a desarrollar en nuestros jugadores, pues fomenta dos líneas de desarrollo personal claves para construir un equipo. La primera línea es la de la persona hacia "dentro", pues acorrala al "ego" que ciega al jugador limitando su crecimiento, al tiempo que le permite desarrollar la auto confianza. 
La segunda línea es la de la persona hacia "fuera", ya que permite el espacio para que los compañeros se sientan importantes y protagonistas. 

Aquí os dejamos lo que es para nosotros la humildad, donde más allá de la definición hemos preferido traducirla en acciones. La humildad es:

1. Escuchar más que hablar

2. Mis palabras fortalecen la autoestima de los demás

3. Ser agradecido

4. Utilizar mis talentos para ayudar a otros

5. Pedir perdón y perdonar

6. Vivir sin compararte

7. Cuestionar mis principios

8. No magnificar mis aportaciones

9. Estar dispuesto a cambiar

La humildad permite al jugador y al entrenador preguntarse: "¿cómo puedo hacer mejor esto?

¿Puedes, como entrenador, trabajar estas acciones en tus jugadores? ¿y en ti mismo?

lunes, 24 de abril de 2017

La valentía de ser coherente a unos principios

Si hay un club deportivo en España que abandera los valores del deporte, ese es el Estudiantes de Madrid. Con cierta injusticia se lleva la fama de exportar estos valores, los cuales otros muchos clubes también exportan. 

Hoy en día es fácil decir las cosas pues es fácil publicitarse y vender a los cuatro vientos cualquier tópico. Internet está lleno de frases grandilocuentes que van pasando de mano en mano entre los miles de usuarios. También todos los clubes tienen  la misión de “formar personas”. Es bueno. Muy bueno. No lo dudo. 

Ahora, si bajamos del autobús de lo virtual y la propaganda y nos apeamos en la parada de la vida real, la del contacto personal, la de tener que actuar, la de observar las circunstancias y situaciones, la de tomar decisiones, la de “hacer cosas” con las personas en frente tuya…, ahí…, amigo, las frases grandilocuentes se tornan más complicadas para trasformarse en hechos concretos y esa propaganda de los clubes se difumina. Porque las frases se quedan en frases y la propaganda y las misiones se quedan aparcadas en las esquinas de las canchas. 

De repente, en el mundo real, entran los egos, los intereses personales, el orgullo o la falta de humildad y se tergiversa el contenido glorioso y grandilocuente que ha ido pasando de mano en mano por lo virtual o se ha hecho viral en facebook o que se ha compartido repetidamente por otras redes sociales y comentado en los miles de grupos de entrenadores de miles de clubes deportivos. 

Hoy hablo de coherencia, de seguir un camino y ser fiel a él. De tener unos principios y ser consecuente con ellos. De asumir consecuencias y de correr riesgos. De lealtad. De que tu forma de vivir, tu conducta, tu comunicación, y tus hechos estén acordes a esa misión, a esas frases que tanto reenviamos a nuestros contactos virtuales. 

Estudiantes es un club que pregona el espíritu de sacrificio, el partir de la persona para construir un camino que va más allá de la victoria, formar personas a través del baloncesto. Habla de trabajar el fundamento individual como base de la construcción del juego. De defensa individual, de apretar los dientes. Habla de humildad, entendiendo humildad como saber que otros lo pueden hacer mejor, de reconocer las virtudes del rival, de escuchar. Estudiantes no existe. Existen personas que van a un lugar llamado Magariños o Nevera y que entrenan o son entrenados, que planifican, coordinan, dirigen, hacen números y gestionan la logística. Existen personas. Y hay de todo tipo de personas en esa organización. Como en todas.  

Anoche el primer equipo femenino de Estudiantes de Madrid logró el ascenso a la máxima categoría del baloncesto femenino. Si me quedara con la alegría de la victoria y el ascenso no haría justicia con el equipo. Hay mucho más detrás del hecho de meter más canastas que el rival durante dieciocho partidos consecutivos. Si nos quedáramos solo con las victorias no entenderíamos muy bien al equipo y navegaríamos sobre la superficie de una historia mucho más profunda. 

Ganar dieciocho partidos seguidos tiene un componente de suerte. Y ellas y ellos lo saben. Pero a la suerte hay que provocarla. También lo saben. 

Son muchos años de trabajo de mucha gente que se han visto plasmados en un ciclo de cuatro años, jugadoras, entrenadores, directivos, etc. El gran acierto del Estudiantes ha sido dejar cocinar un proyecto a cuatro años y ser perseverantes y constantes con las personas que lo han liderado. Me da igual si el baloncesto femenino les importa menos o más. Tampoco me preocupa que no haya tantas jugadoras de cantera en el primer equipo como pregonan en su propaganda “somos un equipo de patio de colegio”. Lo cierto es que han apostado por ellas,  y por ellos (los tres chicos del cuerpo técnico). Por creer en una forma de entender el deporte y en consecuencia la vida. 

Dudas, incertidumbres, errores, equivocaciones, trabajo, muchas horas dedicadas impagadas, muchos viajes, muchos paseos, innumerables conversaciones de baloncesto y de la vida, nervios, angustias, emociones, lesiones, recuperaciones, estudios, días y días exprimiendo las horas, enfados, zapatillas volando en los entrenamientos, risas, muchas risas, hoteles, autobuses, aviones, charlas prepartido, entrevistas, apuntes en el tren, exámenes en medio de los entrenos, silencios, broncas, lesiones, ojos frente al ordenador, mentes pensando, manos curando, sesiones de pesas, canciones, bailes prepartido, videos, informes, esperas en la estación, juegos, lloros, frustraciones. 

Podría ser la historia de otros muchos equipos que no se han clasificado o que, clasificados para la fase de ascenso, al final no han conseguido ascender (bueno, lo de las zapatillas volando en los entrenos quizás es diferente...).

La gran diferencia, desde mi punto de vista, es el punto de partida, es decir, las creencias, los principios. Su cuerpo técnico ha sabido representar los valores del Estudiantes, día a día, palabra a palabra, hecho a hecho, ni si quiera partido a partido sino que entreno a entreno y el tiempo entre los entrenos. Estos valores se fundamentan en la persona, no la jugadora. Y se ha construido a partir de ahí. La persona lo primero. 

Y esa es la gran dificultad y el gran mérito de este ascenso. No es lo que se ha logrado, que también, sino cómo se ha logrado. Siendo coherente. El primer equipo femenino de Estudiantes es un ejemplo de coherencia, de lealtad a una forma de entender el deporte y que comparto plenamente. Es el vivo espíritu del Estudiantes, la esencia del club al que representan. Es una manifestación de que “formando personas” también se puede “desarrollar jugadoras”, se puede ser competitivo hasta en las más altas categorías de un deporte. 

Ser coherente es muy dificil. Solo apto para valientes. 

Yo ya sabía que hacían magia... 


Dedicado a las jugadoras que ya no están en la plantilla pero estuvieron, a las que están y al cuerpo técnico, que siempre ha estado. 

viernes, 21 de abril de 2017

Los argumentos y las excusas

Los argumentos y las excusas.

Más de un entrenador se pregunta qué puede hacer él para combatir las ausencias de sus jugadores adolescentes a los entrenamientos. 

Y al platear la cuestión en foros de entrenadores, aparece por el medio de la conversación la idea de “castigo en partido” y se cuela un “no todo es culpa del entrenador” o “la sociedad ya no es como era antes”. 

Pero ese entrenador sigue buscando respuestas, más allá de las anteriores. Respuestas que le tranquilicen, le convezcan, le den la seguridad de que él ha hecho todo lo que estaba en su mano para revertir una situación de ausencias. 

Es evidente que el castigo en partido es una opción. También es evidente que no todo es culpa del entrenador y que la sociedad actual no es como la de hace veinte años. Todo es cierto. Pero quedarse en estas respuestas denotan inmovilismo y cierta falta de creatividad. Quizá algo de cobardía. Poca autocrítica. 

El otro día, de mis diez jugadoras, vinieron a entrenar cuatro. Tres escribieron por el grupo notificando su ausencia y el motivo por el que no asistirían. Otras tres que también faltarían pero sin ningún motivo detrás.

¿Resultado? Un 40% del equipo presente en pista. Una hora y cuarto en pista entera con cuatro jugadoras. ¿Mi decisión?:


1. Centrarme en las jugadoras presentes. Salió un entreno divertido y serio. 
2. Pensar en por qué algunas justifican sus ausencias y otras no . Escribí este tweet:
“Faltan a entrenar y explican el motivo, argumento. Si no, es una excusa. A partir de ahí, centrarse en las que están, no en las ausencias
3. Hablar con las tres jugadoras en el siguiente entrenamiento. 

Y llegó el siguiente entrenamiento. La conversación con ellas, de manera individual, no debería servir para recriminar su actitud. Ya saben que había entreno y que no fueron y no explicaron el motivo. La conversación  debería servir para dos propósitos, el primero, utilizar esta situación para ayudarlas en su crecimiento a la vida adulta, y por otro lado, tratar de corregir esta situación y fomentar su asistencia a los entrenos, ya que como entrenador, parte de mi misión es enganchar a las chicas. 

La conversación con cada una empezó leyendo el tweet y preguntándoles si lo entendían. Risas flojas, miradas y enseguida un argumento en la boca. 

"No quiero argumentos, no me interesan. La conversación no es para que me argumentes tu ausencia porque no lo hiciste anteriormente. La cuestión no es esa. Lo fundamental es que tu has adquirido un compromiso contigo, conmigo y con el equipo y si hay algo más importante que el entrenamiento, no soy yo, el entrenador, quien debe juzgarlo, sino tú. Y debes ser valiente para explicarlo. Eso se llama madurez. Callarse, es una evidente señal de que no quieres contar algo o no estás convencida de tu conducta. Y esto te va a pasar en el baloncesto y en otras situaciones personales. Cuando decidas algo, tienes que tener argumentos detrás que expliquen tus decisiones, tu comportamiento, tu actitud. Eso es honestidad, ir de cara por la vida, tener la satisfacción de no ocultarte ante nada ni nadie. Se trata de ser coherente, que no es tarea fácil."


Esta es la utilidad de la situación. Ayudas a la jugadora a crecer y la orientas a que quiera venir a entrenar.


En ocasiones, el argumento recurrente es el del estudio, que puede ser cierto o no. Pero lo evidente es que algo falla. Probablemente no sea la organización del tiempo, ni su carga académica. Probablemente sea que no le interesa lo que pasa en la pista en cada entreno. Puede ser responsabilidad mía o que los motivos que le traían a la pista cada día se hayan desvanecido. 

Lo expuesto hasta ahora es una posible solución a una situación concreta. Desde el inicio de la temporada debes trabajar para poner los cimientos que eviten posibles ausencias, especialmente en periodos post vacacionales, donde aquellos jugadores que dudan, se dejan arrastrar por otras ofertas para llenar su tiempo.


Por eso es importante preguntar y conocer los motivos por los que tus jugadoras vienen a entrenar. Por eso tienes que adaptar tus expectativas a ellas. Porque quizás el objetivo que ella busca no es el tuyo. Y claro, tienes otras tantas jugadoras. Y piensas que no es posible que tú te tengas que adaptar a doce objetivos, que sería más fácil que se adapten ellas a ti.

Pero si preguntas, los objetivos se reducen, generalmente, a los siguientes:

  • Diversión. 
  • Sentimiento de equipo. 
  • Mejorar técnicamente. 


A partir de ahí tienes que trabajar en dinámicas que favorecan el sentimiento de grupo, hacer entrenamientos divertidos y proponer objetivos técnicos individuales que hagan percibir a la jugadora que está mejorando (por ejemplo, en cada entrenamiento no puedes perder más de dos pases, o tienes que pasarte el balón entre las piernas y atacar directo dos veces, etc.).  Me refiero a realizar actividades para que ellas alcancen sus objetivos, sean los que sean. Si además esas actividades te guían hacia tus objetivos técnico - tácticos, significará que estás trabajando en el camino correcto donde todo confluye.



sábado, 1 de abril de 2017

El baloncesto es un juego de.......

El baloncesto es un juego de errores.
El baloncesto es un juego de espacios.
El baloncesto es un juego de contactos
El baloncesto es un juego de .............


A veces, nos olvidamos  de que, primero, el baloncesto es un juego. 

Por definición de la RAE , jugar es: "Hacer algo con alegría con el fin de entretenersedivertirse o 
desarrollar determinadas capacidades"

Alegría, entretenerse y divertirse. A la vez, desarrollar determinadas capacidades. 

¿Cuántos entrenadores-jugadores-padres ves entretenerse o divertirse los días de partido? 

La alegría, el entretenimiento o la diversión deberían ser un objetivo primordial en los partidos. Jugar alegre te conduce a la victoria. Divertirse te conduce a la victoria. 

Y para los extremistas, este mensaje no está reñido con el esfuerzo, la concentración o la intensidad. Los chicos también se divierten  a través de estos conceptos.

No te olvides. Esto es un juego. 




martes, 28 de marzo de 2017

El progreso del entrenador. Vulnerabilidad y pensamiento crítico.

La vulnerabilidad y el pensamiento crítico. 

Dos características claves para progresar como entrenador. 

Hay otras muchas maneras de progresar: estudiar tu deporte, charlar con otros entrenadores, ver partidos, asistir a clinics, ver entrenamientos, etc., pero si realmente quieres progresar, desde nuestro punto de vista, se vulnerable y auto crítico. 

Vulnerabilidad: Cualidad de vulnerable. 
Vulnerable: Que puede ser herido o recibir lesión, física o moralmente. 

Ser vulnerable implica abrir tus métodos a los demás, mostrar cómo haces las cosas. Dar voz a tus deportistas para que tengan opinión o explicar por qué haces las cosas. Te ayudará a mejorar como entrenador, y además, construirás deportistas inteligentes, que se cuestionen cosas y entiendan el por qué de lo que están haciendo. 

A nadie le gusta hacer el ridículo, ni que, como dice la RAE, le hieran. Si utilizas la instrucción directa sin necesidad, ocultas bajo la autoridad, bajo los gritos, tus carencias, tus limitaciones y tus inseguridades. 

Pero si por el contrario muestras tu trabajo a la crítica, si eres una persona humilde que entiende que no todo lo sabe, tendrás la oportunidad de contrastar tu forma de hacer las cosas ante otros entrenadores o los deportistas a los que entrenas. 

Y no es cuestión de trabajar en la élite. El fin de semana pasado, en un partido de alevines, escuché a una entrenadora decir lo siguiente en un tiempo muerto: "Chicas, estoy bloqueada, no se que deciros". 
Era un partido tenso provocado por la falta de perspectiva de los padres de ambas aficiones, que terminaron gritando en lugar de animar y comprender al árbitro. En esa situación, la entrenadora se mostró vulnerable antes sus jugadoras, fue humilde y sincera. Y una jugadora, de 11 años, de su equipo, le dijo:" Pues háblanos de lo que hacemos mal en ataque y en defensa, y lo que estamos haciendo bien". Acto seguido, la entrenadora, empezó a hablarles de lo que le había dicho su jugadora. Tras el partido le dio las gracias. Excelente jugadora y entrenadora.  

Puedes pensar que la entrenadora es mala, que no supo reaccionar. Lo yo creo que ella, después de esa situación, es mejor entrenadora. Y de eso se trata, de utilizar la experiencia, de aprovechar el conflicto, de entender  las situaciones como oportunidades de aprendizaje. Fue vulnerable, humilde y valiente. 

Y cuanto más desarrolles esta línea, más vulnerable seas, casualmente, se produce el efecto contrario del que muchos piensan. TE VUELVES CADA DÍA MÁS SEGURO, cuando lo habitual es pensar que la vulnerabilidad te lleva a la vergüenza o al desprestigio por parte de tus deportistas. 

Evidentemente, no hablamos de lanzarse en paracaídas, o tirarse sin red. Tu trabajo se debe fundamentar en el esfuerzo, la planificación, etc.  y no tener miedo a la crítica. Utilízala con el propósito de aprender. Por supuesto  debes ser  consciente de quien te critica, ya que los hay que buscan hacerte daño gratuitamente y quien para hacerte crecer. A poco que seas espabilado, es fácil de distinguir. Se trata de aprender a aceptar las críticas sin dañar tu autoestima.

Pensamiento crítico. 

Analiza lo que haces, dale dos vueltas. Y sobre todo, pon en ti la raíz de las cosas. Piensa siempre que las consecuencias son motivadas por tus actos. Causa - efecto: Algo ha pasado porque yo he hecho algo. No eches balones fuera. Se crítico contigo mismo. Enjuiciate. 

Ese es siempre el primer paso que hay que dar, aunque estés plenamente convencido de que no es así. La autocrítica te llevará a corregir o a confirmar tus ideas. Como entrenador, piensa siempre en ti como responsable. 

Trabaja sobre lo que está bajo tu control cuando analices situaciones o problemas. Corrige sobre tus acciones. Son las que están en tu mano. Lo que hacen los demás, no lo puedes cambiar. Solo puedes, con tu actitud, influir en ellos. 

En definitiva, VULNERABILIDAD y PENSAMIENTO CRÍTICO. 

lunes, 6 de marzo de 2017

Yo quiero ganar

Competir, ganar, formar, salir a divertirse, salir a ganar, etc. El eterno debate. ¿Son conceptos opuestos? ¿Se complementan?

Aquí explico nuestro punto de vista y nuestra manera de afrontar el factor competitivo de un equipo de baloncesto de cantera. 

Desde aprendebaloncesto diferenciamos entre la satisfacción y la alegría y sus opuestos,  insatisfacción y tristeza o pena. 

En primer lugar buscamos estar satisfechos y si es posible combinarlo con terminar alegres, es decir, superando al rival y ganando el partido. 


Primer objetivo: Estar satisfechos. Para conseguirlo, nos apoyamos en las siguientes ideas:

Primera idea: en los partidos tenemos un plan del partido. Ese plan se alimenta de lo que entrenamos. Lo que entrenamos se alimenta de lo que planificamos. Y lo que planificamos se alimenta de unos objetivos individuales y colectivos, técnicos y tácticos, conductuales y motivacionales, competitivos y de entrenamiento, que se mantienen, fluctuan, cambian o modifican en función de las características de nuestras jugadoras y la consecución o no de los objetivos. 


El origen del plan del partido


Los objetivos definidos dicen únicamente quienes sómos o quienes queremos ser. Poco más. Es sólamente en el proceso de definición donde los objetivos adquieren protagonismo, después, quedan relegados a un segundo plano. 

Para alcanzar los objetivos pretendidos, entrenamos a través de conceptos. Y con los conceptos asimilados, trabajamos los detalles. 

Segunda idea: donde bajamos al terreno de lo tangible, de las cosas que podemos ver. De aquello que está bajo el control de la jugadora, en definitiva, hablamos de “hacer cosas”. Un ejemplo de lo “tocable” sería, tener pies activos en defensa, como ejemplo de un detalle y su concepto asociado, “nuestra defensa ataca”. Ambos aspectos pueden ser tocados-entendidos por las jugadoras y están bajo su control. 

Otros ejemplos podrían ser el chocarse las manos, el animar desde el banquillo, el gestionar la frustración, el correr hacia delante, el fijarse dónde me coloco para empezar un ataque posicional, cargar el rebote de ataque, etc. 

A partir de ahí, exigimos a las jugadoras centrarse en los detalles. Centrarse en algo es prestar atención de manera prolongada. Ya tenemos lo que está bajo el control de la jugadora, y se lo podemos exigir y corregir en función del plan establecido. 

Poner en práctica los conceptos ofensivos, defensivos, conductuales, etc.,  con su multitud de detalles, que con paciencia, tratamos de convertirlos en acciones incoscientes de las jugadoras en cada entrenamiento y en cada partido, es nuestro verdadero objetivo, donde ponemos toda nuestra atención como entrenadores. 

Tercera idea: Entran a jugar los partidos, entra otro factor a tener en cuenta para la idea de competir o ganar, etc., que es el rival. Y el rival juega en oposición a nosotros. Su objetivo es dificultar nuestras posibilidades de meter canasta y que sea fácil para ellos anotar. Pero la realidad es, que para lo que nos importa, el rival juega a nuestro favor, pues nos permite trabajar todo lo anteriormente explicado en unos contextos diferentes al entrenamiento, dándonos opción a avanzar hacia la última fase del aprendizaje, la ejecución inconsciente y eficiente durante el partido. 
El rival usa sus “armas” para tratar de vencer. Y este factor es clave. Eso, no está bajo tu control, ni sus “armas” ni cómo las utiliza. Lo que está bajo el control de las jugadoras es la ejecución de los detalles integrados en la toma de decisiones y la interacción entre compañeras. Lo que está bajo el control del entrenador es el tratar de entender las armas del rival e intentar anularlas utilizando las tuyas. 

Decíamos al principio que para ganar un partido, en primer lugar buscamos estar satisfechas. Satisfechas con hacer lo que tenemos que hacer, seguir un plan de partido y centrarnos en lo que está bajo nuestro control, los conceptos y detalles. Lo trabajado durante los entrenamientos. Si conseguimos eso, terminaremos satisfechas el partido. 

Segundo objetivo: Estar contentas. Para salir alegres del partido queremos ganar el partido. 

Tenemos un plan, detalles, conceptos, planificaciones, etc., y un rival con el que jugar. 

¿Y para ganar? Pues ahí descargamos la responsabilidad total en el entrenador. Tiene que ser capaz de leer el partido para maximizar nuestras virtudes y adelantarse a las posibles situaciones en las que el rival nos pueda hacer más daño, pero siempre desde las herramientas disponibles, lo entrenado según su planificación y objetivos y sus las jugadoras, pero no tres o cuatro, sino TODO el equipo. La posibilidad de ir a por el partido es una responsabilidad de todas las jugadoras, porque todas tienen talento. De ese modo, todas jugarán los minutos suficientes para sentirse participes de esa posibilidad. TODAS construyen la posibilidad de ganar el partido.  ¿Ganarlo? Es cuestión del mayor número de jugadoras posibles que estén plenamente enchufadas. ¿Lo ideal? Las doce. 

Incidir en la idea de que cuando nuestros equipos salen a la pista, el objetivo es competir, tener la posibilidad de llegar a la fase final del partido con opciones de vencer al rival. Y si llegamos a esa situación (final del tercer cuarto, más o menos), tratar de ganar el partido. Si hemos seguido nuestro plan y ganas, estarás, además de satisfecha, contenta, alegre. Si pierdes, estarás satisfecha, pero triste, fastidiada. Esto es deporte, recuerda, nadie gana siempre. 

La cuestión es si empezamos a centrarnos en cosas que no están bajo tu control. El árbitro, las pérdidas de atención porque no me salen las cosas, las carencias de mis jugadoras, los enfados por fallarlas, el rival que mete más canastas que tú, etc. Y comienza la insatisfacción con uno mismo. Te sientes incómoda, aparecen los fantasmas, la frustración, afloran los egos y mirar a las compañeras, entrenadores eludiéndo responsabilidades, etc.

Resumen final:

Así que primero trabajemos en buscar la satisfacción, pues sin ella, hay muchas posibilidades de perder el partido, y después, vayamos a por la alegría.  

La victoria nos genera una alegría temporal, finita en el tiempo, que se desvanece poco a poco. La satisfacción construye caractéres, genera autoestisma, fomenta la autoconfianza, crea vínculos entre las jugadoras, fortalece al equipo. 

Lo que realmente queda, y genera poso, es la satisfacción, el hacer lo que te propones, todo lo bien que puedas en ese partido en concreto, o en esa competición. 

¿Esta idea es no querer ganar? Rotundamente NO. ¿Esta idea es que me centro más en la formación y me olvido de la victoria o la derrota? Rotundamente NO. Yo quiero ganar, pero estando satisfecho. Y estando satisfechas, TODAS las jugadoras. 

Quiero ganar construyendo jugadoras, no perdiendo jugadoras en el camino. 

Quiero ganar ayudando a construir personas, como la mayoría de todos los entrenadores que conozco. 


Por último, la evaluación. Si nos hemos centrado en lo explicado anteriormente, evaluaremos aquello que nos importa y está bajo nuestro control, lo que significa que la evaluación de mi faceta de entrenador no se hará en función de si gano o pierdo, sino en función de si alcanzan los objetivos particulares establecidos para cada jugador y para el equipo. Se evalúa lo merecido, no lo conseguido. Hay que ser coherente. Si te importa el proceso, evalúa en función de lo trabajado en el proceso, no en función de si has ganado o perdido más o menos partidos.

¿Quiero ganar? SI. Ya sabes cuál es nuestro camino. 




miércoles, 1 de marzo de 2017

Las ausencias en los entrenamientos. ¿es realmente un problema?



El otro día, de nuevo un interesante debate entre entrenadores a raíz de un artículo que se publicó en internet, https://walkoflifeweb.wordpress.com/2017/02/14/hoy-no-puedo-ir-a-entrenar/ donde exponía una serie de razones que determinados jugadores/padres argumentan para justificar su ausencia en los entrenamientos y la extrapolación de esta conducta a la sociedad actual. También se podría extender el debate, ya que las razones argumentadas son similares, a la negación de los jugadores de entrenar con equipos superiores.
 
Estoy de acuerdo con todo lo que se expone, las razones argumentadas, pero no muy de acuerdo en las conclusiones finales, referidas a la sociedad actual, cuando fijo la mirada en la "micro sociedad" que rodea al mundo del baloncesto de cantera, o en especial, al baloncesto de cantera de mi club (que considero que no es muy diferente a cualquier otro), a sus jugadores, entrenadores o directiva, que se afanan en la búsqueda de valores y trabajan con un alto compromiso.
 
Me pregunté cuántas jugadoras se ausentan, y si esas ausencias son el reflejo del club a nivel de valores y compromiso, o si por el contrario el reflejo del club son aquellos que si van a entrenar.
Y aproveché la tarde para ver cuántos equipos de mi club entrenaban (desde benjamín a Sub21), y cuántas ausencias se producían. Aquí los resultados y mis conclusiones a raíz de los resultados.

Datos
Número de equipos que entrenaron: 17
Número de jugadores totales de los 17 equipos: 204
Ausencias totales: 36
Equipos con 0 o 1 ausencia: 10
Equipos con 2 o 3 ausencias: 4
Equipos con más de tres ausencias: 3
Media de ausencia: 2 jugadores por equipo.
Estos son los datos cuantitativos de un día cualquiera, que hemos elegido como muestreo. Volveremos a repetirlos en otra fecha y día diferente.


Análisis
 
Hay tres equipos, categoría junior, que acaparan el mayor volumen de ausencias, 6, 7, 7 faltas. Esto significa que si elimináramos a estos equipos, la media de ausencia se iría a 0-1 por equipo, lo que me indica que la mayoría de los equipos no tienen problemas de ausencias.
Con los datos, primeras ideas:
- El 70% de los equipos no tienen problemas de ausencias, si consideramos 0-1, como no problemático.
- Y después hay un 15% de equipos que tienen ciertos problemas de ausencias, aquellos con 2-3 faltas, y otro 15% con problemas serios.


Conclusiones
 
Considero que las conclusiones generales relativas a la conducta se obtienen de la forma de comportarse de un número de personas que representan un porcentaje pequeño de la población de estudio.
Para evitar esas conductas, que son minoría, aplicamos normas o conclusiones generales a la gran mayoría, que nada tienen que ver con ese tipo de conductas.
 
Me explico, por si no queda claro. En el caso del artículo al que me refiero al inicio, y cotejándolo con los porcentajes obtenidos de este pequeño estudio estadístico, la conclusión sacada es que los 36 jugadores que sí que muestran falta de compromiso y valores manifestada a través de su ausencia al entrenamiento (siempre que la ausencia al entrenamiento represente esta conducta) representan al colectivo. ¿No sería al revés? Que los que son mayoría, los 168 jugadores que asistieron al entrenamiento son la representación del compromiso y valores.
 
Entonces, si quiero sacar una conducta general, ¿en quién me apoyo? ¿En los 36 que no van, un 17,6% de la población de estudio o en los 168 que asisten, que representan un 82,4%?
 
Debemos tener cuidado a la hora de establecer normas o sacar conclusiones generales, porque en ocasiones, nos fijamos en conductas reprobables que hacen unos pocos y para corregirlas establecemos normas que afectan al global de nuestra organización. ¿No sería más eficiente que, si la gran mayoría se comporta correctamente y un porcentaje pequeño no lo hace, atajar esos problemas no con normas generales sino con intervenciones particulares sobre las normas generales que la mayoría cumple?
 
Tenemos que ser algo más optimistas con el género humano. ¿Qué los argumentos expuestos en el artículo son reales y no beneficiosos para la sociedad? Completamente de acuerdo, pero hay una gran mayoría que sí utiliza el baloncesto como medio y herramienta para crecer y educarse a través de los valores que existen en el deporte y fomentan muchos entrenadores, más allá de la victoria o la derrota.
 
Sé que es un argumento optimista dirán algunos. Yo creo que soy realista. Solo que, por cuestiones antropológicas que no vienen al caso, tenemos la tendencia a ver lo negativo y al tremendismo.
 
Diría que en el mundo, en un día cualquiera, pasan más cosas buenas que malas, aunque apenas salen en los diarios. Y no me toméis por un idealista o ciego ante las atrocidades que pasan día a día. Simplemente creo en las personas y su capacidad de hacer el bien en beneficio de las personas que le rodean.


Por cierto, si el número de ausencias es habitual y elevado, vete pensando que el problema es del entrenador y no de los jugadores. Algo tienes que hacer.
 






lunes, 20 de febrero de 2017

El partido como proceso del aprendizaje, del jugador y del entrenador. Medio, no fin.

Pues hace poco me han dado una pequeña paliza. 31-57. Y nuestras expectativas eran de victoria. Palo, baño. Frustración.

Resulta que el rival dispuso una zona press todo el campo 1-2-1-1 de la que no supimos salir. Cuando digo "no supimos", me refiero a mi como entrenador y a las jugadoras, pues si el balón no sale, el entrenador tiene su cuota de responsabilidad.
Tiempos muertos aportando soluciones, conversaciones entre jugadoras, conversaciones con el banquillo. Nada de nada. 50 balones perdidos a lo largo de los cuarenta minutos (lo que significa 100 potenciales puntos).

Las derrotas de este tipo te dejan un sabor amargo aunque tus creencias sean de que el partido es un paso más en el proceso de aprendizaje. La cuestión no es tanto cuánto tiempo te dura el amargor de la experiencia  sino cuánto vas a querer aprender de ella.

Es irremediable, por nuestra forma de ser, que reflexionemos más en la derrota que en la victoria (yo mismo lo estoy haciendo ahora, ¿hubiera escrito este artículo si hubiera ganado de 25?...probablemente no).  Centrarse en la causa raíz de la derrota y compararla con nuestra planificación y lo que estamos haciendo es una buena manera de afrontar la reflexión del partido.
La planificación debe ir acorde al nivel de las jugadoras, técnico, táctico, madurativo, de cohesión de equipo, etc., y quizás no esté dentro de la planificación de este año la solución para vencer al rival con las dificultades que te plasman en la pista (en este caso, una press 1-2-1-1) o quizás si. Es el primer paso a reflexionar.

El baloncesto consiste en conexionar tomas de decisiones individuales. Las decisiones se toman en función de lo que el rival hace, y lo que mis otras cuatro compañeras hacen. Parte de nuestra labor como entrenador es dotar de armonía y fluidez a esas conexiones de tomas de decisiones.

En el caso concreto de mi partido, tuvimos un problema a la hora de salir de una presión zonal todo campo. Ahora tengo que ver por qué determinadas jugadoras no pasaron el balón correctamente o no se situaron en el sitio adecuado para generar una línea de pase. Y ojo, que aquí podemos estar hablando de muchos aspectos, no sólo técnicos tácticos, desde miedos, de faltas de concentración, de frustración porque el resultado parcial no me gusta.....y resulta que tú te dedicas sólo a trabajar la salida de presión desde la técnica o táctica. De este modo, es importante tener "visión periférica" como entrenador para saber encontrar la causa raíz del problema.

Así que, de momento, dos cosas preguntas a realizarme como entrenador tras ver que mi equipo no es capaz de algo en un partido (ya sea victoria o derrota el signo del resultado final del partido):

- ¿Está contemplada la solución en mi planificación?
- ¿Cómo se ha gestión la conexión de las tomas de decisiones individuales?

Revisando mi planificación, me he dado cuenta que la visión es para mi un fundamento a trabajar y que llevaba cerca de un mes sin prestarle atención. Y que estoy trabajando el pase. Pero la planificación no solo es para ver lo que trabajas sino la profundidad con la que lo trabajas. ¿Estoy entrenando adecuadamente el pase en cantidad, conceptos o detalles técnicos?
Y pensando en las causas raíz, planeé charlas individuales, después de hacerlo colectivamente. Y de ellas han salido varias causas por las que no nos pasamos bien el balón, del tipo: miedo al fallo, pánico al protagonismo, sensación de ridículo, faltas de atención, banquillo desconectado, etc., aspectos que llevan a que no seamos capaces de conectarnos unas con otras en el juego.

A partir de aquí, y tras la reflexión, asumo mi parte de culpa en la imposibilidad de que mis jugadoras sacaran el balón con cierto éxito en la presión zonal que nos pusieron.

Soluciones:
1. Mayor volumen de trabajo en el fundamento de la visión (cuando se tiene el balón y sobre todo, cuando no se tiene).
2. Continuar con los conceptos y detalles del fundamento del pase.
3. Trabajar sobre los distintos aspectos personales de las jugadoras.
4. Trabajo de la interconexión de las tomas de decisiones individuales.

Y estas soluciones me llevan a modificar aspectos de mis entrenamientos, de mis ejercicios y mi planificación.

Pero es importante anotar que todo lo que estoy modificando no es con el objetivo de salir de la presión zonal que me puedan poner, sino ha ido enfocada a mi manera y forma de trabajar sobre el fundamento. Corregir determinados aspectos que harán mejor pasadora a la jugadora, de manera individual, y a conectarnos a través del pase, como equipo. Y que tendrán como consecuencia que saldremos mejor de una presión zonal o atacaremos con más eficiencia una zona, o correremos mejor el contraataque o cualquier situación del juego en el que intervenga el pase (que son unas cuantas). Responderemos mejor ante las "trampas" del rival.

Luego el partido es una herramienta en el proceso de aprendizaje, no solo del jugador, sino también del entrenador. Utilízalo como medio, no como fin.