lunes, 6 de marzo de 2017

Yo quiero ganar

Competir, ganar, formar, salir a divertirse, salir a ganar, etc. El eterno debate. ¿Son conceptos opuestos? ¿Se complementan?

Aquí explico nuestro punto de vista y nuestra manera de afrontar el factor competitivo de un equipo de baloncesto de cantera. 

Desde aprendebaloncesto diferenciamos entre la satisfacción y la alegría y sus opuestos,  insatisfacción y tristeza o pena. 

En primer lugar buscamos estar satisfechos y si es posible combinarlo con terminar alegres, es decir, superando al rival y ganando el partido. 


Primer objetivo: Estar satisfechos. Para conseguirlo, nos apoyamos en las siguientes ideas:

Primera idea: en los partidos tenemos un plan del partido. Ese plan se alimenta de lo que entrenamos. Lo que entrenamos se alimenta de lo que planificamos. Y lo que planificamos se alimenta de unos objetivos individuales y colectivos, técnicos y tácticos, conductuales y motivacionales, competitivos y de entrenamiento, que se mantienen, fluctuan, cambian o modifican en función de las características de nuestras jugadoras y la consecución o no de los objetivos. 


El origen del plan del partido


Los objetivos definidos dicen únicamente quienes sómos o quienes queremos ser. Poco más. Es sólamente en el proceso de definición donde los objetivos adquieren protagonismo, después, quedan relegados a un segundo plano. 

Para alcanzar los objetivos pretendidos, entrenamos a través de conceptos. Y con los conceptos asimilados, trabajamos los detalles. 

Segunda idea: donde bajamos al terreno de lo tangible, de las cosas que podemos ver. De aquello que está bajo el control de la jugadora, en definitiva, hablamos de “hacer cosas”. Un ejemplo de lo “tocable” sería, tener pies activos en defensa, como ejemplo de un detalle y su concepto asociado, “nuestra defensa ataca”. Ambos aspectos pueden ser tocados-entendidos por las jugadoras y están bajo su control. 

Otros ejemplos podrían ser el chocarse las manos, el animar desde el banquillo, el gestionar la frustración, el correr hacia delante, el fijarse dónde me coloco para empezar un ataque posicional, cargar el rebote de ataque, etc. 

A partir de ahí, exigimos a las jugadoras centrarse en los detalles. Centrarse en algo es prestar atención de manera prolongada. Ya tenemos lo que está bajo el control de la jugadora, y se lo podemos exigir y corregir en función del plan establecido. 

Poner en práctica los conceptos ofensivos, defensivos, conductuales, etc.,  con su multitud de detalles, que con paciencia, tratamos de convertirlos en acciones incoscientes de las jugadoras en cada entrenamiento y en cada partido, es nuestro verdadero objetivo, donde ponemos toda nuestra atención como entrenadores. 

Tercera idea: Entran a jugar los partidos, entra otro factor a tener en cuenta para la idea de competir o ganar, etc., que es el rival. Y el rival juega en oposición a nosotros. Su objetivo es dificultar nuestras posibilidades de meter canasta y que sea fácil para ellos anotar. Pero la realidad es, que para lo que nos importa, el rival juega a nuestro favor, pues nos permite trabajar todo lo anteriormente explicado en unos contextos diferentes al entrenamiento, dándonos opción a avanzar hacia la última fase del aprendizaje, la ejecución inconsciente y eficiente durante el partido. 
El rival usa sus “armas” para tratar de vencer. Y este factor es clave. Eso, no está bajo tu control, ni sus “armas” ni cómo las utiliza. Lo que está bajo el control de las jugadoras es la ejecución de los detalles integrados en la toma de decisiones y la interacción entre compañeras. Lo que está bajo el control del entrenador es el tratar de entender las armas del rival e intentar anularlas utilizando las tuyas. 

Decíamos al principio que para ganar un partido, en primer lugar buscamos estar satisfechas. Satisfechas con hacer lo que tenemos que hacer, seguir un plan de partido y centrarnos en lo que está bajo nuestro control, los conceptos y detalles. Lo trabajado durante los entrenamientos. Si conseguimos eso, terminaremos satisfechas el partido. 

Segundo objetivo: Estar contentas. Para salir alegres del partido queremos ganar el partido. 

Tenemos un plan, detalles, conceptos, planificaciones, etc., y un rival con el que jugar. 

¿Y para ganar? Pues ahí descargamos la responsabilidad total en el entrenador. Tiene que ser capaz de leer el partido para maximizar nuestras virtudes y adelantarse a las posibles situaciones en las que el rival nos pueda hacer más daño, pero siempre desde las herramientas disponibles, lo entrenado según su planificación y objetivos y sus las jugadoras, pero no tres o cuatro, sino TODO el equipo. La posibilidad de ir a por el partido es una responsabilidad de todas las jugadoras, porque todas tienen talento. De ese modo, todas jugarán los minutos suficientes para sentirse participes de esa posibilidad. TODAS construyen la posibilidad de ganar el partido.  ¿Ganarlo? Es cuestión del mayor número de jugadoras posibles que estén plenamente enchufadas. ¿Lo ideal? Las doce. 

Incidir en la idea de que cuando nuestros equipos salen a la pista, el objetivo es competir, tener la posibilidad de llegar a la fase final del partido con opciones de vencer al rival. Y si llegamos a esa situación (final del tercer cuarto, más o menos), tratar de ganar el partido. Si hemos seguido nuestro plan y ganas, estarás, además de satisfecha, contenta, alegre. Si pierdes, estarás satisfecha, pero triste, fastidiada. Esto es deporte, recuerda, nadie gana siempre. 

La cuestión es si empezamos a centrarnos en cosas que no están bajo tu control. El árbitro, las pérdidas de atención porque no me salen las cosas, las carencias de mis jugadoras, los enfados por fallarlas, el rival que mete más canastas que tú, etc. Y comienza la insatisfacción con uno mismo. Te sientes incómoda, aparecen los fantasmas, la frustración, afloran los egos y mirar a las compañeras, entrenadores eludiéndo responsabilidades, etc.

Resumen final:

Así que primero trabajemos en buscar la satisfacción, pues sin ella, hay muchas posibilidades de perder el partido, y después, vayamos a por la alegría.  

La victoria nos genera una alegría temporal, finita en el tiempo, que se desvanece poco a poco. La satisfacción construye caractéres, genera autoestisma, fomenta la autoconfianza, crea vínculos entre las jugadoras, fortalece al equipo. 

Lo que realmente queda, y genera poso, es la satisfacción, el hacer lo que te propones, todo lo bien que puedas en ese partido en concreto, o en esa competición. 

¿Esta idea es no querer ganar? Rotundamente NO. ¿Esta idea es que me centro más en la formación y me olvido de la victoria o la derrota? Rotundamente NO. Yo quiero ganar, pero estando satisfecho. Y estando satisfechas, TODAS las jugadoras. 

Quiero ganar construyendo jugadoras, no perdiendo jugadoras en el camino. 

Quiero ganar ayudando a construir personas, como la mayoría de todos los entrenadores que conozco. 


Por último, la evaluación. Si nos hemos centrado en lo explicado anteriormente, evaluaremos aquello que nos importa y está bajo nuestro control, lo que significa que la evaluación de mi faceta de entrenador no se hará en función de si gano o pierdo, sino en función de si alcanzan los objetivos particulares establecidos para cada jugador y para el equipo. Se evalúa lo merecido, no lo conseguido. Hay que ser coherente. Si te importa el proceso, evalúa en función de lo trabajado en el proceso, no en función de si has ganado o perdido más o menos partidos.

¿Quiero ganar? SI. Ya sabes cuál es nuestro camino.